de la catedral; usted me ha tenido en constante ausencia
de la escogida de mi corazon; usted ha mortificado a su
hija con un encierro inquisitorial que le hara perder la vida,
si Dios no pone su mano en ello.
[30] Dona Perfecta se puso como la grana. Pero
aquella
viva llamarada de su
orgullo ofendido y de su pensamiento
descubierto paso rapidamente
dejandola palida y verdosa.
Sus labios temblaban.
Arrojando el cubierto con que
comia, se levanto de
subito. El sobrino se levanto tambien. 135
—iDios mio,
Santa Virgen del Socorro!—exclamo la
senora, llevandose ambas
manos a la cabeza y
comprimiendosela segun
el ademan propio de la desesperacion.—?Es
posible que yo merezca
tan atroces insultos? Pepe, hijo
[5] mio, ?eres tu el que habla?... Si he hecho
lo que dices,
en verdad que soy muy
pecadora.
Dejose caer en el sofa
y se cubrio el rostro con las manos.
Pepe, acercandose lentamente
a ella, observo el angustioso
sollozar de su tia y
las lagrimas que abundantemente
[10] derramaba. A pesar de su conviccion no pudo
vencer el ligero
enternecimiento que
se apodero de el, y sintiendose cobarde,
experimento cierta pena
por lo mucho y fuerte que habia dicho.
—Querida
tia—indico, poniendole la mano en el hombro.—Si
me contesta usted con
lagrimas y suspiros, me
[15] conmovera, pero no me convencera. Razones
y no sentimientos
me hacen falta.
Hableme usted, digame que me equivoco
al pensar lo que pienso,
pruebemelo despues, y reconocere
mi error.
—Dejame.
Tu no eres hijo de mi hermano. Si lo
[20] fueras no me insultarias como me has insultado.
?Con que
yo soy una intrigante,
una comedianta, una harpia hipocrita,
una diplomatica de enredos
caseros?...
Al decir esto, la senora
habia descubierto su rostro y
contemplaba a su sobrino
con expresion beatifica. Pepe
[25] estaba perplejo. Las lagrimas, asi como
la dulce voz de la
hermana de su padre,
no podian ser fenomenos
insignificantes para
el alma del matematico. Las palabras le
retozaban en la boca
para pedir perdon. Hombre de gran
energia por lo comun,
cualquier accidente de sensibilidad,
[30] cualquier agente que obrase sobre su corazon,
le trocaba de
subito en nino.
Achaques de matematico. Dicen que
Newton era tambien asi.
—Yo quiero darte las razones que pides—dijo dona Perfecta, indicandole que se sentase junto a ella.—Yo quiero desagraviarte. Para que veas si soy buena, si soy 136 indulgente, si soy humilde.... ?Crees que te contradire, que negare en absoluto los hechos de que me has acusado?... Pues no, no los niego.
[5] El ingeniero se quedo asombrado.


