Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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expulsado
     de la catedral; usted me ha tenido en constante ausencia
     de la escogida de mi corazon; usted ha mortificado a su
     hija con un encierro inquisitorial que le hara perder la vida,
     si Dios no pone su mano en ello.

[30] Dona Perfecta se puso como la grana.  Pero aquella
     viva llamarada de su orgullo ofendido y de su pensamiento
     descubierto paso rapidamente dejandola palida y verdosa. 
     Sus labios temblaban.  Arrojando el cubierto con que
     comia, se levanto de subito.  El sobrino se levanto tambien. 135

     —­iDios mio, Santa Virgen del Socorro!—­exclamo la
     senora, llevandose ambas manos a la cabeza y
     comprimiendosela segun el ademan propio de la desesperacion.—?Es
     posible que yo merezca tan atroces insultos?  Pepe, hijo
[5] mio, ?eres tu el que habla?...  Si he hecho lo que dices,
     en verdad que soy muy pecadora.

     Dejose caer en el sofa y se cubrio el rostro con las manos. 
     Pepe, acercandose lentamente a ella, observo el angustioso
     sollozar de su tia y las lagrimas que abundantemente
[10] derramaba.  A pesar de su conviccion no pudo vencer el ligero
     enternecimiento que se apodero de el, y sintiendose cobarde,
     experimento cierta pena por lo mucho y fuerte que habia dicho.

     —­Querida tia—­indico, poniendole la mano en el hombro.—­Si
     me contesta usted con lagrimas y suspiros, me
[15] conmovera, pero no me convencera.  Razones y no sentimientos
     me hacen falta.  Hableme usted, digame que me equivoco
     al pensar lo que pienso, pruebemelo despues, y reconocere
     mi error.

     —­Dejame.  Tu no eres hijo de mi hermano.  Si lo
[20] fueras no me insultarias como me has insultado. ?Con que
     yo soy una intrigante, una comedianta, una harpia hipocrita,
     una diplomatica de enredos caseros?...

     Al decir esto, la senora habia descubierto su rostro y
     contemplaba a su sobrino con expresion beatifica.  Pepe
[25] estaba perplejo.  Las lagrimas, asi como la dulce voz de la
     hermana de su padre, no podian ser fenomenos
     insignificantes para el alma del matematico.  Las palabras le
     retozaban en la boca para pedir perdon.  Hombre de gran
     energia por lo comun, cualquier accidente de sensibilidad,
[30] cualquier agente que obrase sobre su corazon, le trocaba de
     subito en nino.  Achaques de matematico.  Dicen que
     Newton era tambien asi.

—­Yo quiero darte las razones que pides—­dijo dona Perfecta, indicandole que se sentase junto a ella.—­Yo quiero desagraviarte.  Para que veas si soy buena, si soy 136 indulgente, si soy humilde.... ?Crees que te contradire, que negare en absoluto los hechos de que me has acusado?...  Pues no, no los niego.

[5] El ingeniero se quedo asombrado.

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