Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.
     hablo larguisimo rato.  Oiale Pinzon con curiosidad profunda
[20] y sin decir nada, salvo algunas preguntillas sueltas
     para pedir nuevos datos o la aclaracion de alguna obscuridad. 
     Cuando Rey concluyo, Pinzon estaba serio.  Estirose
     en la cama, desperezandose con la placentera convulsion de
     quien no ha dormido en tres noches, y despues dijo asi: 

[25] —­Tu plan es arriesgado y dificil.

     —­Pero no imposible.

     —­iOh! no, que nada hay imposible en este mundo. 
     Piensalo bien.

     —­Ya lo he pensado.

[30] —?Y estas resuelto a llevarlo adelante?  Mira que esas
     cosas ya no se estilan.  Suelen salir mal, y no dejan bien
     parado a quien las hace.

     —­Estoy resuelto.

     —­Pues por mi parte, aunque el asunto es arriesgado y
     grave, muy grave, estoy dispuesto a ayudarte en todo y por 132
     todo.

     —?Cuento contigo?

     —­Hasta morir.

XIX

=Combate terrible.—­Estrategia=

[5] Los primeros fuegos no podian tardar.  A la hora de la
     comida, despues de ponerse de acuerdo con Pinzon respecto
     al plan convenido, cuya primera condicion era que ambos
     amigos fingirian no conocerse, Pepe Rey fue al comedor. 
     Alli encontro a su tia que acababa de llegar de la catedral,
[10] donde pasaba, segun su costumbre, toda la manana.  Estaba
     sola y parecia hondamente preocupada.  El ingeniero
     observo que sobre aquel semblante palido y marmoreo, no
     exento de cierta hermosura, se proyectaba la misteriosa
     sombra de un celaje.  Al mirar recobraba la claridad
[15] siniestra; pero miraba poco, y despues de una rapida
     observacion del rostro de su sobrino, el de la bondadosa dama se
     ponia otra vez en su estudiada penumbra.

     Aguardaban en silencio la comida.  No esperaron a D.
     Cayetano, porque este habia ido a Mundogrande.  Cuando
[20] empezaron a comer, dona Perfecta dijo: 

     —­Y ese militarote que nos ha regalado hoy el Gobierno,
     ?no viene a comer?

     —­Parece tener mas sueno que hambre—­repuso el
     ingeniero sin mirar a su tia.

[25] —?Le conoces tu?

     —­No le he visto en mi vida.

     —­Pues estamos divertidos con los huespedes que nos
     manda el Gobierno.  Aqui tenemos nuestras camas y nuestra
     comida para cuando a esos perdidos de Madrid se les
[30] antoje disponer de ellas.

—­Es que hay temores de que se levanten partidas—­dijo 133 Pepe Rey, sintiendo que una centella corria por todos sus miembros,—­y el Gobierno esta decidido a aplastar a los orbajosenses, a aplastarlos, a hacerlos polvo.

[5] —­Hombre, para, para por Dios, no nos pulverices—­exclamo
     la senora con sarcasmo.—­iPobrecitos de nosotros! 
     Ten piedad, hombre, y deja vivir a estas infelices criaturas. 
     Y que, ?seras tu de los que ayuden a la tropa en la grandiosa
     obra de nuestro aplastamiento?

Copyrights
Project Gutenberg
Doña Perfecta from Project Gutenberg. Public domain.