—Si en mi
consistiera... Ellos haran de las suyas—dijo
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Pinzon,—porque
las facciones de las dos provincias
cercanas crecen como
una maldicion de Dios. Y aca para
entre los dos, amigo
Rey, yo creo que esto va largo. Algunos
[5] se rien y aseguran que no puede haber otra guerra
civil]
como la pasada.
No conocen el pais, no conocen a Orbajosa
y sus habitantes.
Yo sostengo que esto que ahora
empieza lleva larga
cola, y que tendremos una nueva lucha
cruel y sangrienta que
durara lo que Dios quiera. ?Que
[10] opinas tu?
—Amigo, en Madrid me reia yo de todos los que hablaban de la posibilidad de una guerra civil tan larga y terrible como la de siete anos; pero ahora, despues que estoy aqui...
[15] —Es preciso engolfarse en estos paises
encantadores:
ver de cerca esta gente
y oirle dos palabras para saber de
que pie cojea.
—Pues si...
sin poderme explicar en que fundo mis
ideas, ello es que desde
aqui veo las cosas de otra manera,
[20] y pienso en la posibilidad de largas y feroces
guerras.
—Exactamente.
—Pero ahora,
mas que la guerra publica, me preocupa
una privada en que estoy
metido y que he declarado hace
poco.
[25] —?Dijiste que esta es la casa de tu tia?
?Como se
llama?
—Dona Perfecta Rey de Polentinos.
—iAh!
La conozco de nombre. Es una persona excelente,
y la unica de quien
no he oido hablar mal a los
[30] ajeros. Cuando estuve aqui la otra vez,
en todas partes
oia ponderar su bondad,
su caridad, sus virtudes.
—Si, mi tia
es muy bondadosa, muy amable—dijo
Rey.
Despues quedo pensativo breve rato.
—Pero ahora recuerdo...—exclamo de subito Pinzon.—Como 131 se van atando cabos... Si, en Madrid me dijeron que te casabas con una prima. Todo esta descubierto. ?Es aquella linda y celestial Rosarito?...
[5] —Pinzon, vamos a hablar detenidamente.
—Se me figura que hay contrariedades.
—Hay algo
mas. Hay luchas terribles. Se necesitan
amigos poderosos, listos,
de iniciativa, de gran experiencia
en los lances dificiles,
de gran astucia y valor.
[10] —Hombre, eso es todavia mas grave que un desafio.
—Mucho mas
grave. Se bate uno facilmente con otro
hombre. Con mujeres,
con invisibles enemigos que trabajan
en la sombra, es imposible.
—Vamos: ya soy todo oidos.
[15] El teniente coronel Pinzon descansaba cuan largo
era
sobre el lecho.
Pepe Rey acerco una silla y apoyando en
el mismo lecho el codo
y en la mano la cabeza, empezo su
conferencia, consulta,
exposicion de plan o lo que fuera, y


