—Estos ajeros...
Los llamamos los ajeros... pues
digo que seran todo
lo insignes que tu quieras; pero a mi
me pican como los frutos
del pais. Este es un pueblo
dominado por gentes
que ensenan la desconfianza, la supersticion
[25] y el aborrecimiento a todo el genero humano.
Cuando estemos despacio
te contare un sucedido... un
lance, mitad gracioso,
mitad terrible que me paso aqui el
ano pasado... Cuando
te lo cuente tu te reiras y yo
echare chispas de colera...
Pero en fin, lo pasado,
[30] pasado.
—Lo que a mi me pasa no tiene nada de gracioso.
—Pero los
motivos de mi aborrecimiento a este poblachon
son diversos. Has
de saber que aqui asesinaron a mi
padre el 48 unos desalmados
partidarios. Era brigadier y
estaba fuera de servicio.
Llamole el Gobierno, y pasaba 129
por Villahorrenda para
ir a Madrid, cuando fue cogido por
media docena de tunantes...
Aqui hay varias dinastias
de guerrilleros.
Los Aceros, los Caballucos, los Pelosmalos... un
[5] periodico suelto, como dijo quien sabia muy bien
lo que decia.
—Supongo
que la venida de dos regimientos con alguna
caballeria no sera por
gusto de visitar estos amenos vergeles.
—?Que ha de ser?
Venimos a recorrer el pais. Hay
[10] muchos depositos de armas. El Gobierno no
se atreve a
destituir a la mayor
parte de los Ayuntamientos sin desparramar
algunas companias por
estos pueblos. Como hay
tanta agitacion facciosa
por esta tierra; como dos provincias
cercanas estan ya infestadas,
y como ademas este distrito
[15] municipal de Orbajosa tiene una historia tan
brillante
en todas las guerras
civiles, hay temores de que los bravos
de por aqui se echen
a los caminos a saquear lo que
encuentren.
—iBuena precaucion!
Pero creo que mientras esta
[20] gente no perezca y vuelva a nacer; mientras hasta
las
piedras no muden de
forma, no habra paz en Orbajosa.
—Esa es tambien
mi opinion—dijo el militar encendiendo
un cigarrillo.—?No
ves que los partidarios son la
gente mimada en este
pais? A todos los que asolaron la
[25] comarca en 1848 y en otras epocas, o a falta
de ellos a sus
hijos, les encuentras
colocados en los fielatos, en puertas,
en el Ayuntamiento,
en la conduccion del correo: los hay
que son alguaciles,
sacristanes, comisionados de apremios.
Algunos se han hecho
temibles caciques, y son los que
[30] amasan las elecciones y tienen influjo en Madrid,
reparten
destinos... en fin,
esto da grima.
—Dime, ?y
no se podra esperar que los partidarios hagan
una fechoria en estos
dias? Si asi fuera, ustedes arrasarian
el pueblo, y yo les
ayudaria.


