—iTropa!
—No se por
que me figuro que esta invasion militar ha
[25] de ser provechosa para mi.... Estoy alegre.
Rosario,
arriba pronto.
—Tambien yo estoy alegre. Arriba.
En un instante la subio,
y los dos amantes se despidieron,
hablandose al oido tan
quedamente, que apenas se oian.
[30] —Me asomare por la ventana que da
a la huerta, para
decirte que he llegado
a mi cuarto sin novedad. Adios.
—Adios, Rosario.
Ten cuidado de no tropezar con los
muebles.
—Por aqui
navego bien, primo. Ya nos veremos otra
vez. Asomate a
la ventana de tu cuarto si quieres recibir 123
mi parte telegrafico.
Pepe Rey hizo lo que se le mandaba;
pero aguardo largo
rato y Rosario no aparecio en la ventana.
El ingeniero
[5] creia sentir agitadas voces en el piso alto.
XVIII
=Tropa=
Los habitantes de Orbajosa oian
en la crepuscular
vaguedad de su ultimo sueno aquel clarin sonoro,
y abrian los
ojos diciendo:
—Tropa.
[10] Unos hablando consigo mismos, mitad dormidos,
mitad
despiertos, murmuraban:
—Por fin nos han mandado esa canalla.
Otros se levantaban a toda prisa, grunendo asi:
—Vamos a ver a esos condenados.
[15] Alguno apostrofaba de este modo:
—Anticipo
forzoso tenemos.... Ellos dicen quintas,
contribuciones; nosotros
diremos palos y mas palos.
En otra casa se oyeron
estas palabras, pronunciadas con
alegria:
[20] —iSi vendra mi hij!... iSi vendra mi hermano!...
Todo era saltar del
lecho, vestirse a prisa, abrir las
ventanas para ver el
alborotador regimiento que entraba con
las primeras luces del
dia. La ciudad era tristeza, silencio,
vejez; el ejercito alegria,
estrepito, juventud. Entrando el
[25] uno en la otra, parecia que la momia recibia
por arte
maravillosa el don de
la vida, y bulliciosa saltaba fuera del
humedo sarcofago para
bailar en torno de el. iQue
movimiento, que algazara,
que risas, que jovialidad! No existe
nada tan interesante
como un ejercito. Es la patria en su
aspecto juvenil y vigoroso.
Lo que en el concepto individual 124
tiene o puede tener
esa misma patria de inepta, de
levantisca, de supersticiosa
unas veces, de blasfema otras,
desaparece bajo la presion
ferrea de la disciplina, que de
[5] tantas figurillas insignificantes hace un conjunto
prodigioso.
El soldado, o sea el
corpusculo, al desprenderse, despues de
un rompan filas,
de la masa en que ha tenido vida regular y
a veces sublime, suele
conservar algunas de las cualidades
peculiares del ejercito.
Pero esto no es lo mas comun. A


