cobarde.... Pero tu me daras aliento; tu me daras
fuerzas; tu me ayudaras, ?no es verdad?... Pepe, primo
mio querido, dime que si; dime que tengo fuerzas, y las
tendre; dime que no estoy enferma, y no lo estare. Ya
[20] no lo estoy. Me encuentro tan bien, que me rio de mis
males ridiculos.
Al decir esto, Rosarito
se sintio freneticamente enlazada
por los brazos de su
primo. Oyose un iay! pero no salio
de los labios de ella,
sino de los de el, porque habiendo
[25] inclinado la cabeza, tropezo violentamente con
los pies
del Cristo. En
la obscuridad es donde se ven las
estrellas.
En el estado de su animo
y en la natural alucinacion que
producen los sitios
obscuros, a Rey le parecia, no que su
[30] cabeza habia topado con el santo pie, sino que
este se
habia movido, amonestandole
de la manera mas breve y
mas elocuente.
Entre serio y festivo alzo la cabeza, y
dijo asi:
—Senor, no me pegues, que no hare nada malo.
En el mismo instante
Rosario tomo la mano del joven, 120
oprimiendola contra
su corazon. Oyose una voz pura,
grave, angelical, conmovida,
que hablo de este modo:
—Senor que
adoro, Senor Dios del mundo y tutelar de mi
[5] casa y de mi familia; Senor a quien Pepe tambien
adora;
Santo Cristo bendito
que moriste en la Cruz por nuestros
pecados; ante Ti, ante
tu cuerpo herido, ante tu frente
coronada de espinas,
digo que este es mi esposo, y que despues
de Ti, es el que mas
ama mi corazon; digo que le declaro mi
[10] esposo, y que antes morire que pertenecer a otro.
Mi corazon
y mi alma son suyos.
Haz que el mundo no se oponga
a nuestra felicidad,
y concedeme el favor de esta union, que
juro sea buena ante
el mundo como lo es en mi conciencia.
—Rosario, eres mia,—exclamo Pepe con exaltacion.—Ni [15] tu madre ni nadie lo impedira.
La prima inclino su
hermoso busto inerte sobre el pecho
del primo. Temblaba
en los amantes brazos varoniles,
como la paloma en las
garras del aguila.
Por la mente del ingeniero
paso como un rayo la idea de
[20] que existia el Demonio; pero entonces el Demonio
era el.
Rosario hizo ligero
movimiento de miedo; tuvo como el
temblor de sorpresa
que anuncia el peligro.
—Jurame que
no desistiras—dijo turbadamente Rey,
atajando aquel movimiento.
[25] —Te lo juro por las cenizas de mi padre, que estan....
—?Donde?
—Bajo nuestros pies.
El matematico sintio
que se levantaba bajo sus pies la
losa... pero no, no
se levantaba: es que el creyo notarlo
[30] asi, a pesar de ser matematico.


