[20] —?Pero que nos pasa? Pepe, querido
Pepe... ?tu
crees en el Diablo?
El ingeniero callo.
La obscuridad de la capilla no
permitia a Rosario ver
la sonrisa con que su primo acogiera
tan extrana pregunta.
[25] —Sera preciso creer en el—dijo al fin.
—?Que nos pasa?
Mama me prohibe verte; pero
fuera de lo del ateismo
no habla mal de ti. Diceme que
espere; que tu decidiras;
que te vas, que vuelves....
Hablame con franqueza....
?Has formado mala idea de
[30] mi madre?
—De ninguna
manera—replico Rey, apremiado por su
delicadeza.
—?No crees, como yo, que me quiere mucho; que nos quiere a los dos, que solo desea nuestro bien, y que al fin hemos de alcanzar de ella el consentimiento 117 que deseamos?
—Si tu lo
crees asi, yo tambien.... Tu mama nos
adora a entrambos....
Pero, querida Rosario, es preciso
[5] confesar que el Demonio ha entrado en esta casa.
—No te burles—repuso
ella con carino....—iAy!
mama es muy buena.
Ni una sola vez me ha dicho que no
fueras digno de ser
mi marido. No insiste mas que en lo
del ateismo. Dicen
ademas que tengo manias, y que ahora
[10] me ha entrado la de quererte con toda mi alma.
En nuestra
familia es ley no contrariar
de frente las manias congenitas
que tenemos, porque
atacandolas se agravan mas.
—Pues yo
creo que a tu lado hay buenos medicos que se
han propuesto curarte,
y que al fin, adorada nina mia, lo van
[15] a conseguir.
—No, no,
no mil veces—exclamo Rosario, apoyando su
frente en el pecho de
su novio.—Quiero volverme loca
contigo. Por ti
estoy padeciendo; por ti estoy enferma;
por ti desprecio la
vida y me expongo a morir.... Ya lo
[20] preveo, manana estare peor, me agravare....
Morire;
ique me importa!
—Tu no estas
enferma—repuso el con energia; tu no
tienes sino una perturbacion
moral, que naturalmente trae
ligeras afecciones nerviosas;
tu no tienes mas que la pena
[25] ocasionada por esta horrible violencia que estan
ejerciendo
sobre ti. Tu alma
sencilla y generosa no lo comprende.
Cedes; perdonas a los
que te hacen dano; te afliges, atribuyendo
tu desgracia a funestas
influencias sobrenaturales;
padeces en silencio;
entregas tu inocente cuello al verdugo;
[30] te dejas matar, y el mismo cuchillo, hundido
en tu garganta,
te parece la espina
de una flor que se te clavo al pasar.
Rosario, desecha esas
ideas: considera nuestra verdadera
situacion, que es grave:
mira la causa de ella donde
verdaderamente esta,
y no te acobardes, no cedas a la mortificacion
que se te impone, enfermando
tu alma y tu cuerpo. 118


