Sintio el ruido de un
hierrecillo. Rosario entraba una
llave en la invisible
cerradura, y abria cuidadosamente la
puerta en cuyo umbral
se habian sentado. Leve olor de 115
humedad, inherente a
toda pieza cerrada por mucho tiempo,
salia de aquel recinto
obscuro como una tumba. Pepe Rey
se sintio llevado de
la mano, y la voz de su prima dijo muy
[5] debilmente:
—Entra.
Dieron algunos pasos.
Creiase el conducido a ignotos
lugares Eliseos por
el angel de la noche. Ella tanteaba.
Por fin volvio a sonar
su dulce voz, murmurando:
[10] —Sientate.
Estaban junto a un banco
de madera. Los dos se sentaron.
Pepe Rey la abrazo de
nuevo. En el mismo
instante su cabeza choco
con un cuerpo muy duro.
—?Que es esto?
[15] —Los pies.
—Rosario... ?que dices?
—Los pies
del divino Jesus, de la imagen de Cristo
Crucificado, que adoramos
en mi casa.
Pepe Rey sintio como una fria lanzada que le traspaso el [20] corazon.
—Besalos—dijo imperiosamente la joven.
El matematico beso los helados pies de la santa imagen.
—Pepe—exclamo
despues la senorita, estrechando
ardientemente la mano
de su primo.—?Tu crees en Dios?
[25] —iRosario!... ?que dices ahi? iQue
locuras
piensas!—repuso
con perplejidad el primo.
—Contestame.
Pepe Rey sintio humedad en sus manos.
—?Porque lloras?—dijo
lleno de turbacion.—Rosario,
[30] me estas matando con tus dudas absurdas. iQue
si creo
en Dios! ?Lo dudas tu?
—Yo no; pero todos dicen que eres ateo.
—Desmerecerias
a mis ojos, te despojarias de tu aureola
de pureza y de prestigio,
si dieras credito a tal necedad.
—Oyendote
calificar de ateo, y sin poder convencerme
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de lo contrario por
ninguna razon, he protestado desde el
fondo de mi alma contra
tal calumnia. Tu no puedes ser
[5] ateo. Dentro de mi tengo yo vivo y fuerte
el sentimiento
de tu religiosidad,
como el de la mia propia.
—iQue bien
has hablado! ?Entonces, por que me
preguntas si creo en
Dios?
—Porque queria
escucharlo de tu misma boca y
recrearme oyendotelo
decir. iHace tanto tiempo que no oigo
[10] el acento de tu voz!... ?que mayor gusto que
oirlo de
nuevo, despues de tan
gran silencio, diciendo: “creo en
Dios”?
—Rosario,
hasta los malvados creen en el. Si existen
ateos, que lo dudo,
son los calumniadores, los intrigantes
[15] de que esta infestado el mundo.... Por mi
parte, me
importan poco las intrigas
y las calumnias, y si tu te
sobrepones a ellas y
cierras tu corazon a los sentimientos de
discordia que una mano
aleve quiere introducir en el, nada
se opondra a nuestra
felicidad.


