Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     Sintio el ruido de un hierrecillo.  Rosario entraba una
     llave en la invisible cerradura, y abria cuidadosamente la
     puerta en cuyo umbral se habian sentado.  Leve olor de 115
     humedad, inherente a toda pieza cerrada por mucho tiempo,
     salia de aquel recinto obscuro como una tumba.  Pepe Rey
     se sintio llevado de la mano, y la voz de su prima dijo muy
[5] debilmente: 

     —­Entra.

     Dieron algunos pasos.  Creiase el conducido a ignotos
     lugares Eliseos por el angel de la noche.  Ella tanteaba. 
     Por fin volvio a sonar su dulce voz, murmurando: 

[10] —­Sientate.

     Estaban junto a un banco de madera.  Los dos se sentaron. 
     Pepe Rey la abrazo de nuevo.  En el mismo
     instante su cabeza choco con un cuerpo muy duro.

     —?Que es esto?

[15] —­Los pies.

     —­Rosario... ?que dices?

     —­Los pies del divino Jesus, de la imagen de Cristo
     Crucificado, que adoramos en mi casa.

Pepe Rey sintio como una fria lanzada que le traspaso el [20] corazon.

     —­Besalos—­dijo imperiosamente la joven.

     El matematico beso los helados pies de la santa imagen.

     —­Pepe—­exclamo despues la senorita, estrechando
     ardientemente la mano de su primo.—?Tu crees en Dios?

[25] —­iRosario!... ?que dices ahi? iQue locuras
     piensas!—­repuso con perplejidad el primo.

     —­Contestame.

     Pepe Rey sintio humedad en sus manos.

     —?Porque lloras?—­dijo lleno de turbacion.—­Rosario,
[30] me estas matando con tus dudas absurdas. iQue si creo
     en Dios! ?Lo dudas tu?

     —­Yo no; pero todos dicen que eres ateo.

     —­Desmerecerias a mis ojos, te despojarias de tu aureola
     de pureza y de prestigio, si dieras credito a tal necedad.

     —­Oyendote calificar de ateo, y sin poder convencerme 116
     de lo contrario por ninguna razon, he protestado desde el
     fondo de mi alma contra tal calumnia.  Tu no puedes ser
[5] ateo.  Dentro de mi tengo yo vivo y fuerte el sentimiento
     de tu religiosidad, como el de la mia propia.

     —­iQue bien has hablado! ?Entonces, por que me
     preguntas si creo en Dios?

     —­Porque queria escucharlo de tu misma boca y
     recrearme oyendotelo decir. iHace tanto tiempo que no oigo
[10] el acento de tu voz!... ?que mayor gusto que oirlo de
     nuevo, despues de tan gran silencio, diciendo:  “creo en
     Dios”?

     —­Rosario, hasta los malvados creen en el.  Si existen
     ateos, que lo dudo, son los calumniadores, los intrigantes
[15] de que esta infestado el mundo....  Por mi parte, me
     importan poco las intrigas y las calumnias, y si tu te
     sobrepones a ellas y cierras tu corazon a los sentimientos de
     discordia que una mano aleve quiere introducir en el, nada
     se opondra a nuestra felicidad.

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