[10] Dirigiose hacia alla en medio de una obscuridad
casi
profunda, y alargo los
brazos para prestar apoyo a quien
bajaba. En su alma
reinaba una ternura exaltada y profunda;
pero ?a que negarlo?
tras aquel dulce sentimiento
surgio de repente, como
infernal inspiracion, otro que era
[15] un terrible deseo de venganza. Los pasos
se acercaban
descendiendo. Pepe
Rey avanzo, y unas manos que
tanteaban en el vacio
chocaron con las suyas. Las cuatro
iay! se unieron en estrecho
apreton.
XVII
=Luz a obscuras=
La galeria era larga y ancha.
A un extremo estaba la
[20] puerta del cuarto donde moraba el ingeniero;
en el centro
la del comedor, y al otro extremo la escalera
y una puerta
grande y cerrada, con un peldano en el umbral.
Aquella
puerta era la de una capilla, donde los Polentinos
tenian los
santos de su devocion domestica. Alguna
vez se celebraba
[25] en ella el santo sacrificio de la misa.
Rosario dirigio a su primo hacia
la puerta de la capilla,
y se dejo caer en el escalon.
—?Aqui?...—murmuro Pepe Rey.
Por los movimientos de la mano derecha de Rosario, [30] comprendio que esta se santiguaba.
—Prima querida,
Rosario... igracias por haberte 114
dejado ver!—exclamo
estrechandola con ardor entre sus
brazos.
Sintio los dedos frios de la joven sobre sus labios, [5] imponiendole silencio. Los beso con frenesi.
—Estas helada... Rosario... ?por que tiemblas asi?
Daba diente con diente,
y su cuerpo todo se estremecia
con febril convulsion.
Rey sintio en su cara el abrasador
fuego del rostro de
su prima, y alarmado exclamo:
[10] —Tu frente es un volcan. Tienes fiebre.
—Mucha.
—?Estas enferma realmente?
—Si....
—Y has salido....
[15] —Por verte.
El ingeniero la estrecho
entre sus brazos para darle
abrigo; pero no bastaba.
—Aguarda—dijo
vivamente levantandose.—Voy a mi
cuarto a traer mi manta
de viaje.
[20] —Apaga la luz, Pepe.
Rey habia dejado encendida
la luz dentro de su cuarto,
y por la puerta de este
salia una tenue claridad, iluminando
la galeria. Volvio
al instante. La obscuridad era ya
profunda. Tentando
las paredes pudo llegar hasta donde
[25] estaba su prima. Reunieronse y la arropo
cuidadosamente
de los pies a la cabeza.
—?Que bien estas ahora, nina mia?
—Si, ique bien!... Contigo.
—Conmigo... y para siempre—exclamo
con
[30] exaltacion el joven.
Pero observo que se desasia de sus brazos y se levantaba.
—?Que haces?


