Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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[10] Dirigiose hacia alla en medio de una obscuridad casi
     profunda, y alargo los brazos para prestar apoyo a quien
     bajaba.  En su alma reinaba una ternura exaltada y profunda;
     pero ?a que negarlo? tras aquel dulce sentimiento
     surgio de repente, como infernal inspiracion, otro que era
[15] un terrible deseo de venganza.  Los pasos se acercaban
     descendiendo.  Pepe Rey avanzo, y unas manos que
     tanteaban en el vacio chocaron con las suyas.  Las cuatro
     iay! se unieron en estrecho apreton.

XVII

=Luz a obscuras=

La galeria era larga y ancha.  A un extremo estaba la
[20] puerta del cuarto donde moraba el ingeniero; en el centro
la del comedor, y al otro extremo la escalera y una puerta
grande y cerrada, con un peldano en el umbral.  Aquella
puerta era la de una capilla, donde los Polentinos tenian los
santos de su devocion domestica.  Alguna vez se celebraba
[25] en ella el santo sacrificio de la misa.

Rosario dirigio a su primo hacia la puerta de la capilla,
y se dejo caer en el escalon.

     —?Aqui?...—­murmuro Pepe Rey.

Por los movimientos de la mano derecha de Rosario, [30] comprendio que esta se santiguaba.

     —­Prima querida, Rosario... igracias por haberte 114
     dejado ver!—­exclamo estrechandola con ardor entre sus
     brazos.

Sintio los dedos frios de la joven sobre sus labios, [5] imponiendole silencio.  Los beso con frenesi.

     —­Estas helada...  Rosario... ?por que tiemblas asi?

     Daba diente con diente, y su cuerpo todo se estremecia
     con febril convulsion.  Rey sintio en su cara el abrasador
     fuego del rostro de su prima, y alarmado exclamo: 

[10] —­Tu frente es un volcan.  Tienes fiebre.

     —­Mucha.

     —?Estas enferma realmente?

     —­Si....

     —­Y has salido....

[15] —­Por verte.

     El ingeniero la estrecho entre sus brazos para darle
     abrigo; pero no bastaba.

     —­Aguarda—­dijo vivamente levantandose.—­Voy a mi
     cuarto a traer mi manta de viaje.

[20] —­Apaga la luz, Pepe.

     Rey habia dejado encendida la luz dentro de su cuarto,
     y por la puerta de este salia una tenue claridad, iluminando
     la galeria.  Volvio al instante.  La obscuridad era ya
     profunda.  Tentando las paredes pudo llegar hasta donde
[25] estaba su prima.  Reunieronse y la arropo cuidadosamente
     de los pies a la cabeza.

     —?Que bien estas ahora, nina mia?

     —­Si, ique bien!...  Contigo.

—­Conmigo... y para siempre—­exclamo con
[30] exaltacion el joven.

     Pero observo que se desasia de sus brazos y se levantaba.

     —?Que haces?

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