Dirigiose a su habitacion;
mas no sintiendo sueno ni
[30] necesidad de reposo fisico, sino por el contrario,
fuerte
excitacion que le impulsaba
a agitarse y divagar, cavilando
y moviendose, se paseo
de un angulo a otro de la pieza.
Despues abrio la ventana
que daba a la huerta, y poniendo
los codos en el antepecho
de ella, contemplo la inmensa
negrura de la noche.
No se veia nada. Pero el hombre 112
ensimismado lo ve todo,
y Rey, fijos los ojos en la
obscuridad, miraba como
se iba desarrollando sobre ella el
abigarrado paisaje de
sus desgracias. La sombra no le permitia
[5] ver las flores de la tierra, ni las del cielo,
que son las
estrellas. La misma
falta casi absoluta de claridad
producia el efecto de
un ilusorio movimiento en las masas de
arboles, que se extendian
al parecer, iban perezosamente y
regresaban enroscandose,
como el oleaje de un mar de
[10] sombras. Formidable flujo y reflujo, una
lucha entre
fuerzas no bien manifiestas,
agitaban la silenciosa esfera.
El matematico, contemplando
aquella extrana proyeccion
de su alma sobre la
noche, decia:
—La batalla sera terrible. Veremos quien sale [15] triunfante.
Los insectos de la noche
hablaron a su oido, diciendole
misteriosas palabras.
Aqui un chirrido aspero; alli un
chasquido semejante
al que hacemos con la lengua; alla
lastimeros murmullos;
mas lejos un son vibrante parecido
[20] al de la esquila suspendida al cuello de la res
vagabunda.
De subito sintio Rey
una consonante extrana, una rapida
nota propia tan solo
de la lengua y de los labios humanos.
Esta exhalacion cruzo
por el cerebro del joven como un
relampago. Sintio
culebrear dentro de si aquella S fugaz,
[25] que se repitio una y otra vez, aumentando de
intensidad.
Miro a todos lados,
miro hacia la parte alta de la casa, y en
una ventana creyo distinguir
un objeto semejante a un ave
blanca que movia las
alas. Por la mente excitada de Pepe
Rey cruzo en un instante
la idea del fenix, de la paloma, de
[30] la garza real... y sin embargo, aquella ave no
era mas
que un panuelo.
El ingeniero salto por
la ventana a la huerta. Observando
bien, vio la mano y
el rostro de su prima. Le parecio
distinguir el tan usual
movimiento de imponer silencio
llevando el dedo a los
labios. Despues la simpatica sombra 113
alargo el brazo hacia
abajo y desaparecio. Pepe Rey entro
de nuevo en su cuarto
rapidamente y procurando no hacer
ruido, paso a la galeria,
avanzando despues lentamente por
[5] ella. Sentia el palpitar de su corazon,
como si recibiera
hachazos dentro del
pecho. Espero un rato... al fin
oyo distintamente tenues
golpes en los peldanos de la
escalera. Uno,
dos, tres.... Producian aquel rumor unos
zapatitos.


