—iY esta
celoso! Despues de su caballo, lo primero
de la Creacion es Mariquilla
Troya.
[5] —iBonito apunte!—exclamo
la senora.—iPobre
Cristobal! ?Has creido
que una persona como mi sobrino?...
Vamos a ver, ?que ibas
a decirle? Habla.
—Ya hablaremos
el Sr. D. Jose y yo—repuso
bruscamente el bravo
de la localidad.
[10] Y sin decir mas se retiro.
Poco despues Pepe Rey salio del comedor para ir a su cuarto. En la galeria hallose frente a frente con su troyano antagonista, y no pudo reprimir la risa al ver la torva seriedad del ofendido cortejo.
[15] —Una palabra—dijo este
plantandose descaradamente
ante el ingeniero.—?Usted
sabe quien soy yo?
Diciendo esto puso la
pesada mano en el hombro del
joven con tan insolente
franqueza, que este no pudo menos
de rechazarle energicamente.
[20] —No es preciso aplastar para eso.
El valenton, ligeramente
desconcertado, se repuso al
instante, y mirando
a Rey con audacia provocativa, repitio
su estribillo.
—?Sabe usted quien soy yo?
[25] —Si: ya se que es usted un animal.
Apartole bruscamente
hacia un lado y entro en su cuarto.
Segun el estado del
cerebro de nuestro desgraciado amigo
en aquel instante, sus
acciones debian sintetizarse en el
siguiente brevisimo
y definitivo plan: romperle la cabeza a
[30] Caballuco sin perdida de tiempo; despedirse en
seguida de
su tia con razones severas,
aunque corteses, que le llegaran
al alma; dar un frio
adios al canonigo y un abrazo al inofensivo
D. Cayetano; administrar,
por fin de fiesta, una
paliza al tio Licurgo;
partir de Orbajosa aquella misma
noche y sacudirse el
polvo de los zapatos a la salida de la 107
ciudad.
Pero los pensamientos
del perseguido joven no podian
apartarse, en medio
de tantas amarguras, de otro
[5] desgraciado ser a quien suponia en situacion
mas aflictiva y
angustiosa que la suya
propia. Tras el ingeniero entro en la
estancia una criada.
—?Le diste mi recado?—pregunto el.
—Si, senor, y me dio esto.
[10] Rey tomo de las manos de la muchacha un pedacito
de
periodico, en cuyo margen
leyo estas palabras: “Dicen que
te vas. Yo me muero.”
Cuando volvio al comedor,
el tio Licurgo se asomaba a
la puerta preguntando:
[15] —?A que hora hace falta la jaca?
—A ninguna—contesto vivamente Rey.
—?Luego no te
vas esta noche?—dijo dona Perfecta.—Mejor
es que lo dejes para
manana.
—Tampoco.
[20] —?Pues cuando?
—Ya veremos—dijo
friamente el joven mirando a su
tia con imperturbable
calma.—Por ahora no pienso
marcharme.


