Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     Sus ojos lanzaban energico reto.

[25] Dona Perfecta se puso primero encendida, palida despues. 
     Miro al canonigo que se habia quitado las gafas de oro para
     limpiarlas, y luego clavo sucesivamente la vista en los
     demas que ocupaban la estancia, incluso Caballuco que,
     entrando poco antes, se sentara en el borde de una silla.
[30] Dona Perfecta les miro como mira un general a sus queridos
     cuerpos de ejercito.  Despues examino el semblante
     meditabundo y sereno de su sobrino, de aquel estrategico
     enemigo que se presentaba de improviso cuando se le creia en
     vergonzosa fuga.

iAy! iSangre, ruina y desolacion!...  Una gran 108
batalla se preparaba.

XVI

=Noche=

Orbajosa dormia.  Los mustios farolillos del publico
alumbrado despedian en encrucijadas y callejones su postrer
[5] fulgor como cansados ojos que no pueden vencer el sueno. 
A su debil luz se escurrian envueltos en sus capas los vagabundos,
los rondadores, los jugadores.  Solo el graznar del
borracho o el canto del enamorado turbaban la callada paz
de la ciudad historica.  De pronto el Ave Maria Purisima
[10] de vinoso sereno sonaba como un quejido enfermizo del
durmiente poblachon.

     En la casa de dona Perfecta tambien habia silencio. 
     Turbabalo tan solo un dialogo que en la biblioteca del Sr. 
     D. Cayetano sostenian este y Pepe Rey.  Sentabase el
[15] erudito reposadamente en el sillon de su mesa de estudio,
     la cual aparecia cubierta por diversas suertes de papeles,
     conteniendo notas, apuntes y referencias, sin que el mas
     pequeno desorden las confundiese, a pesar de su mucha
     diversidad y abundancia.  Rey fijaba los ojos en el copioso
[20] monton de papeles; pero sus pensamientos volaban sin
     duda en regiones muy distantes de aquella sabiduria.

     —­Perfecta—­dijo el anticuario,—­aunque es una mujer
     excelente, tiene el defecto de escandalizarse por cualquier
     accion frivola e insignificante.  Amigo, en estos pueblos de
[25] provincia el menor desliz se paga caro.  Nada encuentro
     de particular en que usted fuese a casa de las Troyas.  Se
     me figura que D. Inocencio, bajo su capita de hombre de
     bien, es algo cizanoso. ?A el que le importa?...

     —­Hemos llegado a un punto, Sr.  D. Cayetano, en que
[30] es preciso tomar una determinacion energica.  Yo necesito
     ver y hablar a Rosario.

     —­Pues veala usted. 109

     —­Es que no me dejan—­respondio el ingeniero dando
     un punetazo en la mesa.—­Rosario esta secuestrada....

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