—?Pero volvera
usted... no es eso?—pregunto el
canonigo.
—?A que hora
pasa el tren de la manana?—pregunto
dona Perfecta, por cuyos
ojos claramente asomaba la febril
[15] impaciencia de su altura.
—Si, me marcho esta misma noche.
—Pero hombre, si no hay luna.
En el alma de dona Perfecta,
en el alma del Penitenciario,
en la juvenil alma del
doctorcillo retumbaron como una
[20] armonia celeste estas palabras: “esta
misma noche.”
—Por supuesto, querido Pepe, tu volveras.... Yo he escrito hoy a tu padre, a tu excelente padre....—exclamo dona Perfecta, con todos los sintomas fisiognomicos que aparecen cuando se va a derramar una lagrima.
[25] —Molestare a usted con algunos encargos—manifesto
el sabio.
—Buena ocasion para
pedir el cuaderno que me falta de
la obra del abate Gaume—indico el
abogadejo.
—Vamos, Pepe, que tienes
unos arrebatos y unas salidas—murmuro
[30] la senora sonriendo, con la vista fija en la
puerta del comedor.—Pero se me olvidaba
decirte que
Caballuco esta esperando para hablarte.
105
XV
=Sigue creciendo, hasta que se declara la guerra=
Todos miraron hacia la puerta,
donde aparecio la imponente
figura del Centauro, serio, cejijunto, confuso
al querer
saludar con amabilidad, hermosamente salvaje,
pero
desfigurado por la violencia que hacia para sonreir
urbanamente
[5] y pisar quedo y tener en correcta postura los
herculeos
brazos.
—Adelante, Sr. Ramos—dijo Pepe Rey.
—Pero no—objeto
dona Perfecta.—Si es una tonteria
lo que tiene que decirte.
[10] —Que lo diga.
—Yo no debo
consentir que en mi casa se ventilen estas
cuestiones ridiculas....
—?Que quiere de mi el Sr. Ramos?
Caballuco pronuncio algunas palabras.
[15] —Basta, basta... exclamo dona Perfecta,
riendo.—No
molestes mas a mi sobrino.
Pepe, no hagas caso de ese
majadero.... ?Quieren
ustedes que les diga en que
consiste el enojo del
gran Caballuco?
—?Enojo?
Ya me lo figuro—indico el Penitenciario,
[20] recostandose en el sillon y riendo expansivamente
y con
estrepito.
—Yo queria
decirle al Sr. D. Jose....—gruno el
formidable
ginete.
—Hombre, calla por Dios, no nos aporrees los oidos.
[25] —Sr. Caballuco—dijo
el canonigo,—no es mucho que
los senores de la Corte
desbanquen a los rudos caballistas
de estas salvajes tierras....
—En dos palabras,
Pepe, la cuestion es esta. Caballuco
es no se que....
[30] La risa le impidio continuar.
—No se que—anadio
D. Inocencio,—de una de las
106
ninas de Troya, de Mariquita
Juana, si no estoy equivocado.


