Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     —­Y es verdad, yo no se quien le ha metido en la cabeza
     a Su Ilustrisima que usted es hombre de malisimas costumbres;
[25] yo no se quien le ha dicho que usted hace alarde de
     ateismo en todas partes; que se burla de las cosas y personas
     sagradas, y aun que proyecta derribar la catedral
     para edificar con sus piedras una gran fabrica de alquitran. 
     Yo he procurado disuadirle; pero Su Ilustrisima es un poco
[30] terco.

     —­Gracias por tanta bondad.

     —­Y eso que el senor Penitenciario no tiene motivos para
     guardarte tales consideraciones.  Por poco mas le dejan en
     el sitio esta tarde.

     —­iBah!... ?pues que?—­dijo el sacerdote riendo.—?Ya 100
     se tiene aqui noticia de la travesurilla?...  Apuesto
     a que Maria Remedios vino con el cuento.  Pues se lo
     prohibi, se lo prohibi de un modo terminante.  La cosa en
[5] si no vale la pena, ?no es verdad, Sr. de Rey?

     —­Puesto que usted lo juzga asi....

     —­Ese es mi parecer.  Cosas de muchachos...  La
     juventud, digan lo que quieran los modernos, se inclina
     al vicio y a las acciones viciosas.  El Sr.  D. Jose, que es
     una persona de grandes prendas, no podia ser perfecto...
     ?que tiene de particular que esas graciosas ninas le sedujeran,
     y despues de sacarle el dinero le hicieran complice
     de sus desvergonzados y criminales insultos a la vecindad? 
     Querido amigo mio, por la dolorosa parte que me cupo en
[15] los juegos de esta tarde—­anadio, llevandose la mano a la
     region lastimada,—­no me doy por ofendido, ni siquiera
     mortificare a usted con recuerdos de tan desagradable incidente. 
     He sentido verdadera pena al saber que Maria
     Remedios habia venido a contarlo todo...  Es tan chismosa
[20] mi sobrina...  Apostamos a que tambien conto lo
     de la media onza, y los retozos de usted con las ninas en el
     tejado, y las carreras y pellizcos, y el bailoteo de D. Juan
     Tafetan... iBah! estas cosas debieran quedarse en
     secreto.

[25] Pepe Rey no sabia lo que le mortificaba mas, si la severidad
     de su tia o las hipocritas condescendencias del
     canonigo.

     —?Por que no se han de decir?—­indico la senora.—­El
     mismo no parece avergonzado de su conducta.  Sepanlo
[30] todos.  Unicamente se guardara secreto de esto a mi querida
     hija, porque en su estado nervioso son temibles los
     accesos de colera.

—­Vamos, que no es para tanto, senora—­anadio el Penitenciario.—­Mi opinion es que no se vuelva a hablar del asunto, y cuando esto lo dice el que recibio la pedrada, los 101 demas pueden darse por satisfechos...  Y no fue broma lo del trastazo, Sr.  D. Jose, pues crei que me abrian un boquete en el casco y que se me salian por el los sesos....

[5] —­iCuanto siento este incidente!...—­balbucio Pepe
     Rey.—­Me causa verdadera pena, a pesar de no haber
     tomado parte....

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