—Y es verdad,
yo no se quien le ha metido en la cabeza
a Su Ilustrisima que
usted es hombre de malisimas costumbres;
[25] yo no se quien le ha dicho que usted hace alarde
de
ateismo en todas partes;
que se burla de las cosas y personas
sagradas, y aun que
proyecta derribar la catedral
para edificar con sus
piedras una gran fabrica de alquitran.
Yo he procurado disuadirle;
pero Su Ilustrisima es un poco
[30] terco.
—Gracias por tanta bondad.
—Y eso que
el senor Penitenciario no tiene motivos para
guardarte tales consideraciones.
Por poco mas le dejan en
el sitio esta tarde.
—iBah!...
?pues que?—dijo el sacerdote riendo.—?Ya
100
se tiene aqui noticia
de la travesurilla?... Apuesto
a que Maria Remedios
vino con el cuento. Pues se lo
prohibi, se lo prohibi
de un modo terminante. La cosa en
[5] si no vale la pena, ?no es verdad, Sr. de Rey?
—Puesto que usted lo juzga asi....
—Ese es mi
parecer. Cosas de muchachos... La
juventud, digan lo que
quieran los modernos, se inclina
al vicio y a las acciones
viciosas. El Sr. D. Jose, que es
una persona de grandes
prendas, no podia ser perfecto...
?que tiene de particular
que esas graciosas ninas le sedujeran,
y despues de sacarle
el dinero le hicieran complice
de sus desvergonzados
y criminales insultos a la vecindad?
Querido amigo mio, por
la dolorosa parte que me cupo en
[15] los juegos de esta tarde—anadio, llevandose
la mano a la
region lastimada,—no
me doy por ofendido, ni siquiera
mortificare a usted
con recuerdos de tan desagradable incidente.
He sentido verdadera
pena al saber que Maria
Remedios habia venido
a contarlo todo... Es tan chismosa
[20] mi sobrina... Apostamos a que tambien conto
lo
de la media onza, y
los retozos de usted con las ninas en el
tejado, y las carreras
y pellizcos, y el bailoteo de D. Juan
Tafetan... iBah! estas
cosas debieran quedarse en
secreto.
[25] Pepe Rey no sabia lo que le mortificaba mas,
si la severidad
de su tia o las hipocritas
condescendencias del
canonigo.
—?Por que no
se han de decir?—indico la senora.—El
mismo no parece avergonzado
de su conducta. Sepanlo
[30] todos. Unicamente se guardara secreto de
esto a mi querida
hija, porque en su estado
nervioso son temibles los
accesos de colera.
—Vamos, que no es para tanto, senora—anadio el Penitenciario.—Mi opinion es que no se vuelva a hablar del asunto, y cuando esto lo dice el que recibio la pedrada, los 101 demas pueden darse por satisfechos... Y no fue broma lo del trastazo, Sr. D. Jose, pues crei que me abrian un boquete en el casco y que se me salian por el los sesos....
[5] —iCuanto siento este incidente!...—balbucio
Pepe
Rey.—Me causa
verdadera pena, a pesar de no haber
tomado parte....


