Mientras rapidamente
se pronunciaban las palabras de
este dialogo, Pepe Rey
vio que frente al terrado, y muy
cerca de el, se abrian
los cristales de una ventana
perteneciente a la misma
casa bombardeada; vio que aparecia 95
une cara risuena, una
cara conocida, una cara cuya vista le
aturdio y le consterno
y le puso palido y tremulo. Era
[5] Jacintito, que interrumpido en sus graves estudios,
abrio
la ventana de su despacho,
presentandose en ella con la
pluma en la oreja.
Su rostro pudico, fresco y sonrosado
daba a tal aparicion
aspecto semejante al de una
aurora.
[10] —Buenas tardes, Sr. D. Jose—dijo
festivamente.
La voz de abajo gritaba
de nuevo:
—iJacinto, pero Jacinto!
—Alla voy. Estaba saludando a un amigo....
—Vamonos,
vamonos—grito Florentina con zozobra.—El
[15] senor Penitenciario va a subir al cuarto de D.
Nominavito
y nos echara un responso.
—Vamonos, si; cerremos la puerta del comedor.
Abandonaron en tropel el terrado.
—Debieron ustedes prever que Jacinto las veria desde [20] su templo del saber—dijo Tafetan.
—Don Nominavito
es amigo nuestro—repuso una de
ellas.—Desde
su templo de la ciencia nos dice a la calladita
mil ternezas, y tambien
nos echa besos volados.
—?Jacinto?—pregunto el ingeniero,—?que endiablado [25] nombre le han puesto ustedes?
—Don Nominavito....
Las tres rompieron a reir.
—Lo llamamos asi porque es muy sabio.
—No:
porque cuando nosotras eramos chicas, el era
[30] chico tambien; pues... si. Saliamos al terrado
a jugar,
y le sentiamos estudiando
en voz alta sus lecciones.
—Si, y todo el santo dia estaba cantando.
—Declinando,
mujer. Eso es: se ponia de este modo:
Nominavito rosa,
Genivito, Davito, Acusavito.
—Supongo
que yo tambien tendre mi nombre postizo—dijo
96
Pepe Rey.
—Que se lo
diga a usted Maria Juana—replico Florentina
ocultandose.
[5] —?Yo?... diselo tu, Pepa.
—Usted no tiene nombre todavia, D. Jose.
—Pero lo
tendre. Prometo que vendre a saberlo, a
recibir la confirmacion—dijo
el joven con intencion de
retirarse.
[10] —?Pero se va usted?
—Si. Ya han perdido ustedes bastante tiempo. Ninas, a trabajar. Esto de arrojar piedras a los vecinos y a los transeuntes, no es la ocupacion mas a proposito para unas jovenes tan lindas y de tanto merito... Con que abur....
[15] Y sin esperar mas razones ni hacer caso de los
cumplidos
de las muchachas, salio
a toda prisa de la casa, dejando en
ella a don Juan Tafetan.


