—Podra el
vicio reinar aqui—dijo para si;—pero
las
[20] fisonomias, los muebles, todo me indica que estos
son los
infelices restos de
una familia honrada. Si estas pobres
muchachas fueran tan
malas como dicen, no vivirian tan
pobremente ni trabajarian.
iEn Orbajosa hay hombres
ricos!
[25] Las tres ninas se le acercaban sucesivamente.
Iban de
el al balcon, del balcon
a el, sosteniendo conversacion
picante y ligera, que
indicaba, fuerza es decirlo, una
especie de inocencia
en medio de tanta frivolidad y
despreocupacion.
[30] —Sr. D. Jose, ique excelente senora es dona Perfecta!
—Es la unica
persona de Orbajosa que no tiene apodo,
la unica persona de
que no se habla mal en Orbajosa.
—Todos la respetan.
—Todos la adoran.
A estas frases el joven
respondia con alabanzas de su 92
tia; pero se le pasaban
ganas de sacar dinero del bolsillo y
decir: “Maria
Juana, tome usted para unas botas. Pepa,
tome usted para que
se compre un vestido. Florentina,
[5] tome usted para que coman una semana....”
Estuvo a
punto de hacerlo como
lo pensaba. En un momento en
que las tres corrieron
al balcon para ver quien pasaba, don
Juan Tafetan se acerco
a el y en voz baja le dijo:
—iQue monas
son! ?No es verdad?... iPobres
[10] criaturas! Parece mentira que sean tan alegres,
cuando...
bien puede asegurarse
que hoy no han comido.
—Don Juan,
D. Juan—grito Pepilla.—Por ahi
viene su
amigo de usted Nicolasito
Hernandez, o sea Cirio Pascual,
con su sombrero de tres
pisos. Viene rezando en voz baja,
[15] sin duda por las almas de los que ha mandado
al hoyo con
sus usuras.
—?A que no le dicen ustedes el remoquete?
—iA que si!
—Juana, cierra
las celosias. Dejemosle que pase, y
[20] cuando vaya por la esquina, yo gritare:
iCirio, Cirio
Pascual!...
Don Juan Tafetan corrio al balcon.
—Venga usted, D. Jose, para que conozca este tipo.
Pepe Rey aprovecho el
momento en que las tres muchachas
[25] y D. Juan se regocijaban en el balcon, llamando
a
Nicolasito Hernandez
con el apodo que tanto le hacia
rabiar, y acercandose
con toda cautela a uno de los costureros
que en la sala habia,
coloco dentro de el media onza
que le quedaba del juego.
[30] Despues corrio al balcon, a punto que las dos
mas
pequenas gritaban entre
locas risas: iCirio Pascual, Cirio
Pascual!
93
XIII
=Un casus belli=
Despues de esta travesura, las
tres entablaron con los
dos caballeros una conversacion tirada sobre
asuntos y personas
de la ciudad. El ingeniero, recelando que
su fechoria
se descubriese, estando el presente, quiso marcharse,
lo cual
[5] disgusto mucho a las Troyas; una de estas que
habia salido
fuera de la sala, regreso diciendo:


