Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     La conversacion entablada por las ninas desagrado bastante 90
     a Pepe Rey, disipando la ligera impresion de contento
     que experimento al encontrarse entre aquella chusma
     alegre y comunicativa.  No pudo, sin embargo, contener
[5] la risa cuando vio a D. Juan Tafetan descolgar un guitarrillo
     y rasguearlo con la gracia y destreza de los anos
     juveniles.

     —­Me han dicho que ustedes saben cantar a las mil
     maravillas—­manifesto Rey.

[10] —­Que cante D. Juan Tafetan.

     —­Yo no canto.

     —­Ni yo—­dijo la segunda, ofreciendo al ingeniero
     algunos cascos de la naranja que acababa de mondar.

     —­Maria Juana, no abandones la costura—­dijo la Troya
[15] mayor.—­Es tarde y hay que acabar la sotana esta
     noche.

     —­Hoy no se trabaja.  Al demonio las agujas—­exclamo
     Tafetan.

     En seguida entono una cancion.

[20] —­La gente se para en la calle—­dijo la Troya segunda
     asomandose al balcon.—­Los gritos de D. Juan Tafetan se
     oyen desde la plaza... iJuana, Juana!

     —?Que?

     —­Por la calle va Suspiritos.

[25] La mas pequena volo al balcon.

     —­Tirale una cascara de naranja.

     Pepe Rey se asomo tambien; vio que por la calle pasaba
     una senora, y que con diestra punteria la menor de las
     Troyas le asesto un cascarazo en el mono.  Despues
[30] cerraron precipitadamente, y las tres se esforzaban en
     sofocar convulsamente su risa para que no se oyera desde
     la via publica.

     —­Hoy no se trabaja—­grito una volcando de un puntapie
     la cesta de la costura.

     —­Es lo mismo que decir, “manana no se come”—­anadio 91
     la mayor, recogiendo los enseres.

     Pepe Rey se echo instintivamente mano al bolsillo.  De
     buena gana les hubiera dado una limosna.  El espectaculo
[5] de aquellas infelices huerfanas, condenadas por el mundo
     a causa de su frivolidad, le entristecia sobre manera.  Si el
     unico pecado de las Troyas, si el unico desahogo con que
     compensaban su soledad, su pobreza y abandono, era tirar
     cortezas de naranja al transeunte, bien se las podia disculpar.
[10] Quizas las austeras costumbres del poblachon en que vivian
     las habia preservado del vicio; pero las desgraciadas carecian
     de compostura y comedimiento, formula comun y mas
     visible del pudor, y bien podia suponerse que habian echado
     por la ventana algo mas que cascaras.  Pepe Rey sentia
[15] hacia ellas una lastima profunda.  Observo sus miserables
     vestidos, compuestos, arreglados y remendados de mil
     modos para que pareciesen nuevos, observo sus zapatos
     rotos... y otra vez se llevo la mano al bolsillo.

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