La conversacion entablada
por las ninas desagrado bastante 90
a Pepe Rey, disipando
la ligera impresion de contento
que experimento al encontrarse
entre aquella chusma
alegre y comunicativa.
No pudo, sin embargo, contener
[5] la risa cuando vio a D. Juan Tafetan descolgar
un guitarrillo
y rasguearlo con la
gracia y destreza de los anos
juveniles.
—Me han dicho
que ustedes saben cantar a las mil
maravillas—manifesto
Rey.
[10] —Que cante D. Juan Tafetan.
—Yo no canto.
—Ni yo—dijo
la segunda, ofreciendo al ingeniero
algunos cascos de la
naranja que acababa de mondar.
—Maria Juana,
no abandones la costura—dijo la Troya
[15] mayor.—Es tarde y hay que acabar la
sotana esta
noche.
—Hoy no se
trabaja. Al demonio las agujas—exclamo
Tafetan.
En seguida entono una cancion.
[20] —La gente se para en la calle—dijo
la Troya segunda
asomandose al balcon.—Los
gritos de D. Juan Tafetan se
oyen desde la plaza...
iJuana, Juana!
—?Que?
—Por la calle va Suspiritos.
[25] La mas pequena volo al balcon.
—Tirale una cascara de naranja.
Pepe Rey se asomo tambien;
vio que por la calle pasaba
una senora, y que con
diestra punteria la menor de las
Troyas le asesto un
cascarazo en el mono. Despues
[30] cerraron precipitadamente, y las tres se esforzaban
en
sofocar convulsamente
su risa para que no se oyera desde
la via publica.
—Hoy no se
trabaja—grito una volcando de un puntapie
la cesta de la costura.
—Es lo mismo
que decir, “manana no se come”—anadio
91
la mayor, recogiendo
los enseres.
Pepe Rey se echo instintivamente
mano al bolsillo. De
buena gana les hubiera
dado una limosna. El espectaculo
[5] de aquellas infelices huerfanas, condenadas por
el mundo
a causa de su frivolidad,
le entristecia sobre manera. Si el
unico pecado de las
Troyas, si el unico desahogo con que
compensaban su soledad,
su pobreza y abandono, era tirar
cortezas de naranja
al transeunte, bien se las podia disculpar.
[10] Quizas las austeras costumbres del poblachon
en que vivian
las habia preservado
del vicio; pero las desgraciadas carecian
de compostura y comedimiento,
formula comun y mas
visible del pudor, y
bien podia suponerse que habian echado
por la ventana algo
mas que cascaras. Pepe Rey sentia
[15] hacia ellas una lastima profunda. Observo
sus miserables
vestidos, compuestos,
arreglados y remendados de mil
modos para que pareciesen
nuevos, observo sus zapatos
rotos... y otra vez
se llevo la mano al bolsillo.


