Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     se corrian, algunas palabras, y por fin el tararear suave de
     una cancion, el ladrido de un falderillo, y otras senales de
     existencia social que parecian muy singulares en tal sitio.
[25] Observando bien, Pepe Rey vio que tales rumores procedian
     de un enorme balcon con celosias, que frente por frente
     a la ventana mostraba su corpulenta fabrica.  No habia
     concluido sus observaciones, cuando un socio del Casino
     aparecio de subito a su lado, y riendo le interpelo de este
[30] modo: 

     —­iAh!  Sr.  D. Pepe, ipicaron! ?se ha encerrado usted
     aqui para hacer cocos a las ninas?

     El que esto decia era D. Juan Tafetan, un sujeto amabilisimo,
     y de los pocos que habian manifestado a Rey en el
     Casino cordial amistad y verdadera admiracion.  Con su 86
     carilla bermellonada, su bigotejo tenido de negro, sus
     ojuelos vivarachos, su estatura mezquina, su pelo con gran
     estudio peinado para ocultar la calvicie, D. Juan Tafetan
[5] presentaba una figura bastante diferente de la de Antinoo;
     pero era muy simpatico, tenia mucho gracejo y felicisimo
     ingenio para contar aventuras graciosas.  Reia mucho, y
     al hacerlo, su cara se cubria toda, desde la frente a la barba,
     de grotescas arrugas.  A pesar de estas cualidades y del
[10] aplauso que debia estimular su disposicion a las picantes
     burlas, no era maldiciente.  Querianle todos, y Pepe Rey
     pasaba con el ratos agradables.  El pobre Tafetan, empleado
     antano en la Administracion civil de la capital de la provincia,
     vivia modestamente de su sueldo en la Secretaria
[15] de Beneficencia, y completaba su pasar tocando gallardamente
     el clarinete en las procesiones, en las solemnidades
     de la catedral y en el teatro, cuando alguna trailla de
     desesperados comicos aparecia por aquellos paises con el alevoso
     proposito de dar funciones en Orbajosa.

[20] Pero lo mas singular en D. Juan Tafetan era su aficion
     a las muchachas guapas.  El mismo, cuando no ocultaba su
     calvicie con seis pelos llenos de pomada, cuando no se tenia
     el bigote, cuande andaba derechito y espigado por la poca
     pesadumbre de los anos, habia sido un Tenorio formidable.
[25] Oirle contar sus conquistas era cosa de morirse de risa,
     porque hay Tenorios de Tenorios, y aquel fue de los mas
     originales.

     —?Que ninas?  Yo no veo ninas en ninguna parte—­repuso
     Pepe Rey.

[30] —­Hagase usted el anacoreta.

     Una de las celosias del balcon se abrio, dejando ver un
     rostro juvenil, encantador y risueno, que desaparecio al
     instante como una luz apagada por el viento.

     —­Ya, ya veo.

     —?No las conoce usted? 87

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