Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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—?Tampoco hoy vere a mi prima?—­pregunto de mal [10] talante a su tia, cuando concluyeron de comer.

     —­Tampoco. iSabe Dios cuanto lo siento!...  Bastante
     le he predicado hoy.  A la tarde veremos....

     La sospecha de que en tan injustificado encierro su
     adorable prima era mas bien victima sin defensa que autora
[15] resuelta con actividad propia e iniciativa, le indujo a contenerse
     y esperar.  Sin esta sospecha, hubiera partido aquel
     mismo dia.  No tenia duda alguna de ser amado por Rosario,
     mas era evidente que una presion desconocida actuaba
     entre los dos para separarlos, y parecia propio de varon
[20] honrado averiguar de quien procedia aquella fuerza maligna,
     y contrarrestarla hasta donde alcanzara la voluntad humana.

     —­Espero que la obstinacion de Rosario no durara mucho—­dijo
     a dona Perfecta disimulando sus verdaderos sentimientos.

[25] Aquel dia tuvo una carta de su padre, en la cual este se
     quejaba de no haber recibido ninguna de Orbajosa, circunstancia
     que aumento las inquietudes del ingeniero, confundiendole
     mas.  Por ultimo, despues de vagar largo rato solo
     por la huerta de la casa, salio y fue al Casino.  Entro en el,
[30] como un desesperado que se arroja al mar.

     Encontro en las principales salas a varias personas que
     charlaban y discutian.  En un grupo desentranaban con
     logica sutil dificiles problemas de toros; en otro disertaban
     sobre cuales eran los mejores burros entre las castas de
     Orbajosa y Villahorrenda.  Hastiado hasta lo sumo, Pepe 85
     Rey abandono estos debates y se dirigio a la sala de periodicos,
     donde hojeo varias revistas sin encontrar deleite en
     la lectura; y poco despues, pasando de sala en sala, fue a
[5] parar sin saber como a la del juego.  Cerca de dos horas
     estuvo en las garras del horrible demonio amarillo, cuyos
     resplandecientes ojos de oro producen tormento y fascinacion. 
     Ni aun las emociones del juego alteraron el sombrio
     estado de su alma, y el tedio que antes le empujara hacia
[10] el verde tapete, apartole tambien de el.  Huyendo del
     bullicio, dio con su cuerpo en una estancia destinada a tertulia,
     en la cual a la sazon no habia alma viviente, y con
     indolencia se sento junto a la ventana de ella, mirando
     a la calle.

[15] Era esta angostisima y con mas angulos y recodos que
     casas, sombreada toda por la pavorosa catedral, que al
     extremo alzaba su negro muro carcomido.  Pepe Rey miro
     a todos lados, arriba y abajo, y observo un placido silencio
     de sepulcro:  ni un paso, ni una voz, ni una mirada.  De
[20] pronto hirieron su oido rumores extranos, como cuchicheo
     de femeniles labios, y despues el chirrido de cortinajes que

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