—?Tampoco hoy vere a mi prima?—pregunto de mal [10] talante a su tia, cuando concluyeron de comer.
—Tampoco.
iSabe Dios cuanto lo siento!... Bastante
le he predicado hoy.
A la tarde veremos....
La sospecha de que en
tan injustificado encierro su
adorable prima era mas
bien victima sin defensa que autora
[15] resuelta con actividad propia e iniciativa, le
indujo a contenerse
y esperar. Sin
esta sospecha, hubiera partido aquel
mismo dia. No tenia
duda alguna de ser amado por Rosario,
mas era evidente que
una presion desconocida actuaba
entre los dos para separarlos,
y parecia propio de varon
[20] honrado averiguar de quien procedia aquella fuerza
maligna,
y contrarrestarla hasta
donde alcanzara la voluntad humana.
—Espero que
la obstinacion de Rosario no durara mucho—dijo
a dona Perfecta disimulando
sus verdaderos sentimientos.
[25] Aquel dia tuvo una carta de su padre, en la cual
este se
quejaba de no haber
recibido ninguna de Orbajosa, circunstancia
que aumento las inquietudes
del ingeniero, confundiendole
mas. Por ultimo,
despues de vagar largo rato solo
por la huerta de la
casa, salio y fue al Casino. Entro en el,
[30] como un desesperado que se arroja al mar.
Encontro en las principales
salas a varias personas que
charlaban y discutian.
En un grupo desentranaban con
logica sutil dificiles
problemas de toros; en otro disertaban
sobre cuales eran los
mejores burros entre las castas de
Orbajosa y Villahorrenda.
Hastiado hasta lo sumo, Pepe 85
Rey abandono estos debates
y se dirigio a la sala de periodicos,
donde hojeo varias revistas
sin encontrar deleite en
la lectura; y poco despues,
pasando de sala en sala, fue a
[5] parar sin saber como a la del juego. Cerca
de dos horas
estuvo en las garras
del horrible demonio amarillo, cuyos
resplandecientes ojos
de oro producen tormento y fascinacion.
Ni aun las emociones
del juego alteraron el sombrio
estado de su alma, y
el tedio que antes le empujara hacia
[10] el verde tapete, apartole tambien de el.
Huyendo del
bullicio, dio con su
cuerpo en una estancia destinada a tertulia,
en la cual a la sazon
no habia alma viviente, y con
indolencia se sento
junto a la ventana de ella, mirando
a la calle.
[15] Era esta angostisima y con mas angulos y recodos
que
casas, sombreada toda
por la pavorosa catedral, que al
extremo alzaba su negro
muro carcomido. Pepe Rey miro
a todos lados, arriba
y abajo, y observo un placido silencio
de sepulcro: ni
un paso, ni una voz, ni una mirada. De
[20] pronto hirieron su oido rumores extranos, como
cuchicheo
de femeniles labios,
y despues el chirrido de cortinajes que


