[15] —iQue humillacion!—murmuro
el joven.—Es la primera
vez en mi vida que recibo
un desaire semejante.
—iPero ese
Gobierno no tiene perdon de Dios! iDesairarte
a ti! ?Quieres que yo
escriba a Madrid? Tengo
alla muy buenas relaciones
y podre conseguir que el Gobierno
[20] repare esa falta brutal y te de una satisfaccion.
—Gracias,
senora, no quiero recomendaciones—replico
el joven con displicencia.
—iEs que
se ven unas injusticias; unos atropellos!
...Destituir asi a un
joven de tanto merito, a una eminencia
[25] cientifica.... Vamos; si no puedo contener
la
colera.
—Yo averiguare—dijo
Pepe, con la mayor energia,—quien
se ocupa en hacerme
dano....
—Ese senor ministro.... Pero de estos politiquejos [30] infames ?que se puede esperar?
—Aqui hay alguien que se ha propuesto hacerme morir de desesperacion—afirmo el joven visiblemente alterado.—Esto no es obra del ministro, esta y otras contrariedades que experimento son resultado de un plan de venganza, de un calculo desconocido, de una enemistad irreconciliable, y 80 este plan, este calculo, esta enemistad, no lo dude usted, querida tia, estan aqui, en Orbajosa.
—Tu te has
vuelto loco—replico dona Perfecta, demostrando
[5] un sentimiento semejante a la compasion.—?Que
tienes enemigos en Orbajosa?
?Que alguien quiere vengarse
de ti? Vamos, Pepillo,
tu has perdido el juicio. Las
lecturas de esos libros
en que se dice que tenemos por
abuelos a los monos
o a las cotorras, te han trastornado la
[10] cabeza.
Sonrio con dulzura al
decir la ultima frase, y despues,
tomando un tono de familiar
y carinosa amonestacion,
anadio:
—Hijo mio,
los habitantes de Orbajosa seremos palurdos
[15] y toscos labriegos sin instruccion, sin finura,
ni buen tono;
pero a lealtad y buena
fe no nos gana nadie, nadie, pero
nadie.
—No crea
usted—dijo el joven,—que acuso
a las personas
de esta casa. Pero
sostengo que en la ciudad esta
[20] mi implacable y fiero enemigo.
—Deseo que
me ensenes ese traidor de melodrama—repuso
la senora, sonriendo
de nuevo.—Supongo que no
acusaras al tio Licurgo
ni a los demas que te han puesto
pleito, porque los pobrecitos
creen defender su derecho.
[25] Y entre parentesis, no les falta razon en el
caso presente.
Ademas, el tio Lucas
te quiere mucho. Asi mismo me lo
ha dicho. Desde
que te conocio, dice que le entraste por
el ojo derecho, y el
pobre viejo te ha puesto un carino....
—iSi... profundo carino!—murmuro Pepe.


