Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     —­iOh, si, tan buena!—­anadio el canonigo,—­que no
     dudo perdonara a su primo.

     —­Creo que Rosario me ha perdonado ya—­afirmo Rey.

     —­Y si no, en corazones angelicales no dura mucho el 68
     resentimiento—­dijo D. Inocencio melifluamente.—­Yo tengo
     gran ascendiente sobre esa nina, y procurare disipar en su
     alma generosa toda prevencion contra usted.  En cuanto yo
[5] le diga dos palabras....

     Pepe Rey sintio que por su pensamiento pasaba una nube
     y dijo con intencion: 

     —­Tal vez no sea preciso.

     —­No le hablo ahora—­anadio el capitular,—­porque
[10] esta embelesada oyendo las tonterias de Jacintillo....
     iDemonches de chicos!  Cuando pegan la hebra, hay que dejarles.

     De pronto se presentaron en la tertulia el juez de primera
     instancia, la senora del alcalde y el dean de la catedral. 
     Todos saludaron al ingeniero, demostrando en sus palabras
[15] y actitudes que satisfacian, al verle, la mas viva curiosidad. 
     El juez era un mozalvete despabilado, de estos que todos
     los dias aparecen en los criaderos de eminencias, aspirando
     recien empollados a los primeros puestos de la
     administracion y de la politica.  Dabase suma importancia, y
[20] hablanco de si mismo y de su juvenil toga, parecia manifestar
     indirectamente gran enojo, porque no le hubieran hecho de golpe
     y porrazo presidente del Tribunal Supremo.  En aquellas
     manos inexpertas, en aquel cerebro henchido de viento, en
     aquella presuncion ridicula habia puesto el Estado las
[25] funciones mas delicadas y mas dificiles de la humana
     justicia.  Sus maneras eran de perfecto cortesano, y revelaba
     escrupuloso y detallado esmero en todo lo concerniente a su
     persona.  Tenia la maldita mania de estarse quitando y
     poniendo a cada instante los lentes de oro, y en su
[30] conversacion frecuentemente indicaba el empeno de ser transladado
     pronto a Madriz, para prestar sus imprescindibles servicios
     en la secretaria de Gracia y Justicia.

     La senora del alcalde era una dama bonachona, sin otra
     flaqueza que suponerse muy relacionada en la Corte.  Dirigio
     a Pepe Rey diversas preguntas sobre modas, citando establecimientos
     industriales donde le habian hecho una manteleta 69
     o una falda en su ultimo viaje, coetaneo de la visita
     de Muley-Abbas, y tambien nombro a una docena de duquesas
[5] y marquesas, tratandolas con tanta familiaridad como
     a amiguitas de escuela.  Dijo tambien que la condesa de
     M. (por sus tertulias famosa) era amiga suya, y que el 60
     estuvo a visitarla, y la condesa la convido a su palco en el
     Real, donde vio a Muley-Abbas en traje de moro, acompanado
[10] de toda su moreria.  La alcaldesa hablaba por los
     codos, como suele decirse, y no carecia de chiste.

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