—No.
[15] —Sera manana.... En fin, yo siento
mucho que el
apresuramiento del Sr.
Licurgo me haya privado del gusto
y de la honra de defenderle
a usted, pero como ha de ser....
Licurgo se ha empenado
en que yo le he de sacar de penas.
Estudiare la materia
con el mayor detenimiento. Estas
[20] picaras servidumbres son el gran escollo de la
jurisprudencia.
Pepe entro en el comedor
en un estado moral muy
lamentable. Vio
a dona Perfecta hablando con el
Penitenciario, y a Rosarito
sola, con los ojos fijos en la puerta.
[25] Esperaba sin duda a su primo.
—Ven aca,
buena pieza—dijo la senora, sonriendo con
muy poca espontaneidad.—Nos
has insultado, gran ateo;
pero te perdonamos.
Ya se que mi hija y yo somos dos
palurdas incapaces de
remontarnos a las regiones de las
[30] matematicas, donde tu vives; pero en fin... todavia
es
posible que algun dia
te pongas de rodillas ante nosotros,
rogandonos que te ensenemos
la doctrina.
Pepe contesto con frases
vagas y formulas de cortesia y
arrepentimiento.
—Por mi parte—dijo
D. Inocencio, poniendo en los 67
ojos expresion de modestia
y dulzura,—si en el curso de
estas vanas disputas
he dicho algo que pueda ofender al Sr.
D. Jose, le ruego que
me perdone. Aqui todos somos
[5] amigos.
—Gracias. No vale la pena.
—A pesar
de todo—indico dona Perfecta, sonriendo
ya
con mas naturalidad,—yo
soy siempre la misma para mi
querido sobrino, a pesar
de sus ideas extravagantes y
[antireligiosas...]
[10] ?De que creeras que me pienso ocupar esta
noche? Pues de
quitarle de la cabeza al tio Licurgo esas
terquedades con que
te piensa molestar. Le he mandado
venir, y en la galeria
me esta esperando. Descuida, que
yo lo arreglare, pues
aunque conozco que no le falta
[15] razon....
—Gracias,
querida tia—repuso el joven, sintiendose
invadido por la onda
de generosidad que tan facilmente
nacia en su alma.
Pepe Rey dirigio la
vista hacia donde estaba su prima,
[20] con intencion de unirse a ella; pero algunas
preguntas
sagaces del canonigo
le retuvieron al lado de dona Perfecta.
Rosario estaba triste,
oyendo con indiferencia melancolica
las palabras del abogadillo,
que instalandose junto a ella,
habia comenzado una
retahila de conceptos empalagosos,
[25] con importunos chistes sazonada y fatuidades
del peor
gusto.
—Lo peor
para ti—dijo dona Perfecta a su sobrino
cuando le sorprendio
observando la desacorde pareja que
formaban Rosario y Jacinto,—es
que has ofendido a la
[30] pobre Rosario. Debes hacer todo lo posible
por desenojarla.
iLa pobrecita es tan
buena!...


