[5] senores, como vean delante de si una estatua, una armadura
mohosa, un cuadro podrido o una pared vieja, se olvidan
de todo. El Sr. D. Jose es artista, y ha visitado nuestra
catedral, como la visitan los Ingleses, los cuales de buena
gana se llevarian a sus museos hasta la ultima baldosa de
[10] ella... Que estaban los fieles rezando; que el sacerdote
alzo la Sagrada Hostia; que llego el instante de la mayor
piedad y recogimiento; pues bien... ?que le importa
nada de esto a un artista? Es verdad que yo no se lo que
vale el arte, cuando se le disgrega de los sentimientos que
[15] expresa... pero en fin, hoy es costumbre adorar la forma,
no la idea... Libreme Dios de meterme a discutir este
tema con el Sr. D. Jose, que sabe tanto, y argumentando
con la primorosa sutileza de los modernos, confundiria al
punto mi espiritu, en el cual no hay mas que fe.
[20] —El empeno de ustedes de considerarme
como el hombre
mas sabio de la tierra,
me mortifica bastante—dijo Pepe,
recobrando la dureza
de su acento.—Tenganme por tonto;
que prefiero la fama
de necio a poseer esa ciencia de Satanas
que aqui me atribuyen.
[25] Rosarito se echo a reir, y Jacinto creyo llegado
el momento
mas oportuno para hacer
ostentacion de su erudita
personalidad.
—El panteismo
o panenteismo estan condenados por la
Iglesia, asi como por
las doctrinas de Schopenhauer y el
[30] moderno Hartmann.
—Senores
y senoras—manifesto gravemente el canonigo,—los
hombres que consagran
culto tan fervoroso al arte,
aunque solo sea atendiendo
a la forma, merecen el mayor
respeto. Mas vale
ser artista y deleitarse ante la belleza,
aunque solo este representada
en las ninfas desnudas, que 60
ser indiferente y descreido
en todo. En espiritu que se
consagra a la contemplacion
de la belleza no entrara completamente
el mal. Est Deus
in nobis... Deus, entiendase
[5] bien. Siga, pues, el senor D. Jose admirando
los
prodigios de nuestra
iglesia; que por mi parte le perdonare
de buen grado las irreverencias,
salva la opinion del senor
prelado.
—Gracias,
Sr. D. Inocencio—dijo Pepe, sintiendo
en si
[10] punzante y revoltoso el sentimiento de hostilidad
hacia el
astuto canonigo y no
pudiendo dominar el deseo de mortificarle.
—Por lo demas,
no crean ustedes que absorbian mi
atencion las bellezas
artisticas de que suponen lleno el
templo. Esas bellezas,
fuera de la imponente arquitectura
[15] de una parte del edificio y de los tres sepulcros
que hay en
las capillas del abside
y de algunos entalles del coro, yo no
las veo en ninguna parte.
Lo que ocupaba mi entendimiento
era la consideracion
de la deplorable decadencia de
las artes religiosas,
y no me causaban asombro, sino colera,
[20] las innumerables monstruosidades artisticas de
que esta
llena la catedral.


