—No, bien
se que eres un buen muchacho—dijo dona
[25] Perfecta, observando el semblante afectadamente
serio e
inmutable del canonigo,
que parecia tener por cara una
mascara de carton.—Pero,
hijo, de pensar las cosas a
manifestarlas asi con
cierto desparpajo, hay una distancia
que el hombre prudente
y comedido no debe salvar nunca.
[30] Bien se que tus ideas son... no te enfades; si
te enfadas,
me callo... digo que
una cosa es tener ideas religiosas
y otra manifestarlas...
Me guardare muy bien de vituperarte
porque creas que no
nos crio Dios a su imagen y
semejanza, sino que
descendemos de los micos; ni porque
niegues la existencia
del alma, asegurando que esta es una 58
droga como los papelillos
de magnesia o de ruibarbo que se
venden en la botica....
—Senora, por Dios...—exclamo Pepe con disgusto.—Veo [5] que tengo muy mala reputacion en Orbajosa.
Los demas seguian guardando silencio.
—Pues decia
que no te vituperare por esas ideas...
Ademas de que no tengo
derecho a ello, si me pusiera a
disputar contigo, tu,
con tu talentazo descomunal, me confundirias
[10] mil veces... no, nada de eso. Lo que digo
es
que estos pobres y menguados
habitantes de Orbajosa son
piadosos y buenos cristianos,
si bien ninguno de ellos sabe
filosofia alemana; por
lo tanto no debes despreciar publicamente
sus creencias.
[15] —Querida tia—dijo el ingeniero
con gravedad.—Ni yo
he despreciado las creencias
de nadie, ni yo tengo las ideas
que usted me atribuye.
Quizas haya estado un poco irrespetuoso
en la iglesia; soy algo
distraido. Mi entendimiento
y mi atencion estaban
fijos en la obra arquitectonica, y
[20] francamente no adverti... pero no era esto motivo
para que
el senor obispo intentase
echarme a la calle, y usted me
supusiera capaz de atribuir
a un papelillo de la botica las
funciones del alma.
Puedo tolerar eso como broma, nada
mas que como broma.
[25] Pepe Rey sentia en su espiritu excitacion tan
viva, que
a pesar de su mucha
prudencia y mesura no pudo disimularla.
—Vamos, veo
que te has enfadado—dijo dona Perfecta,
bajando los ojos y cruzando
las manos.—iTodo sea por
[30] Dios! Si hubiera sabido que lo tomabas asi,
no te habria
dicho nada. Pepe,
te ruego que me perdones.
Al oir esto y al ver la actitud sumisa de su bondadosa tia, Pepe se sintio avergonzado de la dureza de sus anteriores palabras, y procuro serenarse. Sacole de su embarazosa situacion el venerable Penitenciario, que sonriendo 59 con su habitual benevolencia, hablo de este modo:
—Senora dona
Perfecta, es preciso tener tolerancia con
los artistas... ioh!


