Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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[25] El buen clerigo se reia de sus propias ocurrencias,
     mientras Jacinto, gozoso de ver la conversacion en terreno
     tan de su gusto, se excuso con Pepe Rey, y de buenas a
     primeras le descargo esta pregunta: 

     —­Digame el Sr.  D. Jose, ?que piensa usted del Darwinismo?

[30] Sonrio nuestro joven al oir pedanteria tan fuera de sazon,
     y de buena gana excitara al joven a seguir por aquella senda
     de infantil vanidad; pero creyendo mas prudente no intimar
     mucho con el sobrino ni con el tio, contesto sencillamente: 

     —­Yo no puedo pensar nada de las doctrinas de Darwin, 55
     porque apenas las conozco.  Los trabajos de mi profesion
     no me han permitido dedicarme a esos estudios.

     —­Ya—­dijo el canonigo riendo.—­Todo se reduce a que
[5] descendemos de los monos...  Si lo dijera solo por ciertas
     personas que yo conozco, tendria razon.

     —­La teoria de la seleccion natural—­anadio enfaticamente
     Jacinto,—­dicen que tiene muchos partidarios en Alemania.

     —­No lo dudo—­dijo el clerigo.—­En Alemania no debe
[10] sentirse que esa teoria sea verdadera, por lo que toca a
     Bismarck.

     Dona Perfecta y el Sr.  D. Cayetano aparecieron frente a
     los cuatro.

—­iQue hermosa esta la tarde!—­dijo la senora.—?Que [15] tal, sobrino, te aburres mucho?...

     —­Nada de eso—­repuso el joven.

     —­No me lo niegues.  De eso veniamos hablando Cayetano
     y yo.  Tu estas aburrido, y te empenas en disimularlo. 
     No todos los jovenes de estos tiempos tienen la abnegacion
[20] de pasar su juventud, como Jacinto, en un pueblo donde no
     hay Teatro Real, ni Bufos, ni bailarinas, ni filosofos, ni ateneos,
     ni papeluchos; ni Congresos, ni otras diversiones y
     pasatiempos.

     —­Yo estoy aqui muy bien—­repuso Pepe.—­Ahora le
[25] estaba diciendo a Rosario que esta ciudad y esta casa me
     son tan agradables, que me gustaria vivir y morir aqui.

     Rosario se puso muy encendida y los demas callaron. 
     Sentaronse todos en una glorieta, apresurandose Jacinto a
     ocupar el lugar a la izquierda de la senorita.

[30] —­Mira, sobrino, tengo que advertirte una cosa—­dijo
     dona Perfecta, con aquella risuena expresion de bondad que
     emanaba de su alma, como de la flor el aroma.—­Pero no
     vayas a creer que te reprendo, ni que te doy lecciones:  tu
     no eres nino y facilmente comprenderas mis ideas.

     —­Riname usted, querida tia; que sin duda lo merecere—­replico 56
     Pepe, que ya empezaba a acostumbrarse a las
     bondades de la hermana de su padre.

—­No, no es mas que una advertencia.  Estos senores [5] veran como tengo razon.

     Rosarito oia con toda su alma.

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