[15] unos a otros la rama que escogian por alcoba. Su charla
parecia a veces recriminacion y disputa, a veces burla y
gracejo. Con su parlero trinar se decian aquellos tunantes
las mayores insolencias, dandose de picotazos y agitando
las alas, asi como los oradores agitan los brazos cuando
[20] quieren hacer creer las mentiras que estan diciendo.
Pero tambien sonaban por alli palabras de amor, que
a ello convidaban la apacible hora y el hermoso lugar.
Un oido experto hubiera podido distinguir las
siguientes:
[25] —Desde antes de conocerte te queria,
y si no hubieras
venido me habria muerto
de pena. Mama me daba a leer
las cartas de tu padre,
y como en ellas hacia tantas
alabanzas de ti, yo
decia: “este debiera ser mi marido.”
Durante mucho tiempo,
tu padre no hablo de que tu y yo nos
[30] casaramos, lo cual me parecia un descuido muy
grande.
Yo no sabia que pensar
de semejante negligencia.... Mi
tio Cayetano, siempre
que te nombraba, decia: “Como ese
hay pocos en el mundo.
La mujer que le pesque, ya se
puede tener por dichosa....”
Por fin tu papa dijo lo que
no podia menos de decir....
Si, no podia menos de 51
decirlo: yo lo
esperaba todos los dias....
Poco despues de estas
palabras, la misma voz anadio con
zozobra:
[5] —Alguien viene tras de nosotros.
Saliendo de entre las
adelfas, Pepe vio a dos personas
que se acercaban, y
tocando las hojas de un tierno arbolito
que alli cerca habia,
dijo en alta voz a su companera:
—No es conveniente
aplicar la primera poda a los arboles
[10] jovenes como este hasta su completo arraigo.
Los arboles
recien plantados no
tienen vigor para soportar dicha operacion.
Tu bien sabes que las
raices no pueden formarse sino por el
influjo de las hojas:
asi es que si le quitas las hojas....
—iAh!
Sr. D. Jose—exclamo el Penitenciario
con
[15] franca risa, acercandose a los dos jovenes y
haciendoles una
reverencia.—?Esta
usted dando lecciones de horticultura?
Insere nunc, Miliboee,
piros, pone ordine vitis, que dijo el gran
cantor de los trabajos
del campo. Ingerta los perales, caro
Melibeo, arregla las
parras.... ?Con que como estamos
[20] de salud, Sr. D. Jose?
El ingeniero y el canonigo
se dieron las manos. Luego
este volviose, y senalando
a un jovenzuelo que tras el venia,
dijo sonriendo:
—Tengo el gusto de presentar a usted a mi querido [25] Jacintillo... una buena pieza... un tarambana, Sr. D. Jose.
IX
=La desavenencia
sigue creciendo
y amenaza convertirse en discordia=
Junto a la negra sotana se destaco
un sonrosado y fresco
rostro. Jacintito saludo a nuestro joven,
no sin cierto
embarazo.


