Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.
iban todos a acostarse, y se disputaban
[15] unos a otros la rama que escogian por alcoba.  Su charla
     parecia a veces recriminacion y disputa, a veces burla y
     gracejo.  Con su parlero trinar se decian aquellos tunantes
     las mayores insolencias, dandose de picotazos y agitando
     las alas, asi como los oradores agitan los brazos cuando
[20] quieren hacer creer las mentiras que estan diciendo. 
     Pero tambien sonaban por alli palabras de amor, que
     a ello convidaban la apacible hora y el hermoso lugar. 
     Un oido experto hubiera podido distinguir las
     siguientes: 

[25] —­Desde antes de conocerte te queria, y si no hubieras
     venido me habria muerto de pena.  Mama me daba a leer
     las cartas de tu padre, y como en ellas hacia tantas
     alabanzas de ti, yo decia:  “este debiera ser mi marido.” 
     Durante mucho tiempo, tu padre no hablo de que tu y yo nos
[30] casaramos, lo cual me parecia un descuido muy grande. 
     Yo no sabia que pensar de semejante negligencia....  Mi
     tio Cayetano, siempre que te nombraba, decia:  “Como ese
     hay pocos en el mundo.  La mujer que le pesque, ya se
     puede tener por dichosa....”  Por fin tu papa dijo lo que
     no podia menos de decir....  Si, no podia menos de 51
     decirlo:  yo lo esperaba todos los dias....

     Poco despues de estas palabras, la misma voz anadio con
     zozobra: 

[5] —­Alguien viene tras de nosotros.

     Saliendo de entre las adelfas, Pepe vio a dos personas
     que se acercaban, y tocando las hojas de un tierno arbolito
     que alli cerca habia, dijo en alta voz a su companera: 

     —­No es conveniente aplicar la primera poda a los arboles
[10] jovenes como este hasta su completo arraigo.  Los arboles
     recien plantados no tienen vigor para soportar dicha operacion. 
     Tu bien sabes que las raices no pueden formarse sino por el
     influjo de las hojas:  asi es que si le quitas las hojas....

     —­iAh!  Sr.  D. Jose—­exclamo el Penitenciario con
[15] franca risa, acercandose a los dos jovenes y haciendoles una
     reverencia.—?Esta usted dando lecciones de horticultura?
     Insere nunc, Miliboee, piros, pone ordine vitis, que dijo el gran
     cantor de los trabajos del campo.  Ingerta los perales, caro
     Melibeo, arregla las parras.... ?Con que como estamos
[20] de salud, Sr.  D. Jose?

     El ingeniero y el canonigo se dieron las manos.  Luego
     este volviose, y senalando a un jovenzuelo que tras el venia,
     dijo sonriendo: 

—­Tengo el gusto de presentar a usted a mi querido [25] Jacintillo... una buena pieza... un tarambana, Sr.  D. Jose.

IX

=La desavenencia sigue creciendo
y amenaza convertirse en discordia=

Junto a la negra sotana se destaco un sonrosado y fresco
rostro.  Jacintito saludo a nuestro joven, no sin cierto
embarazo.

Copyrights
Project Gutenberg
Doña Perfecta from Project Gutenberg. Public domain.