Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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en el paseo o en la tertulia y con la
     cual pienso pasar un rato divertido?  No.  Eres mi prima. 49
     Eres algo mas....  Rosario, pongamos de una vez las
     cosas en su verdadero lugar.  Fuera rodeos.  Yo he venido
     aqui a casarme contigo.

[5] Rosario sintio que su rostro se abrasaba y el corazon no
     le cabia en el pecho.

     —­Mira, querida prima—­anadio el joven,—­te juro que
     si no me hubieras gustado, ya estaria lejos de aqui. 
     Aunque la cortesia y la delicadeza me habrian obligado a hacer
[10] esfuerzos, no me hubiera sido facil disimular mi desengano. 
     Yo soy asi.

     —­Primo, casi acabas de llegar—­dijo laconicamente
     Rosarito, esforzandose en reir.

     —­Acabo de llegar y ya se todo lo que tenia que saber;
[15] se que te quiero; que eres la mujer que desde hace tiempo
     me esta anunciando el corazon, diciendome noche y dia...
     “ya viene, ya esta cerca; que te quemas.”

     Esta frase sirvio de pretexto a Rosario para soltar la risa
     que en sus labios retozaba.  Su espiritu se desvanecia
[20] alborozado en una atmosfera de jubilo.

     —­Tu te empenas en que no vales nada—­continuo Pepe,—­y
     eres una maravilla.  Tienes la cualidad admirable de
     estar a todas horas proyectando sobre cuanto te rodea la
     divina luz de tu alma.  Desde que se te ve, desde que se te
[25] mira, los nobles sentimientos y la pureza de tu corazon
     se manifiestan.  Viendote, se ve una vida celeste que por
     descuido de Dios esta en la tierra; eres un angel y yo te
     adoro como un tonto.

     Al decir esto, parecia haber desempenado una grave
[30] mision.  Rosarito viose de subito dominada por tan viva
     sensibilidad, que la escasa energia de su cuerpo no pudo
     corresponder a la excitacion de su espiritu, y desfalleciendo,
     dejose caer sobre una piedra que hacia las veces de asiento
     en aquellos amenos lugares.  Pepe se inclino hacia ella. 
     Noto que cerraba los ojos, apoyando la frente en la palma 50
     de la mano.  Poco despues, la hija de dona Perfecta
     Polentinos dirigia a su primo, entre dulces lagrimas, una mirada
     tierna, seguida de estas palabras: 

[5] —­Te quiero desde antes de conocerte.

     Apoyadas sus manos en las del joven, se levanto, y sus
     cuerpos desaparecieron entre las frondosas ramas de un
     paseo de adelfas.  Caia la tarde, y una dulce sombra se
     extendia por la parte baja de la huerta, mientras el ultimo
[10] rayo del sol poniente coronaba de varios resplandores las
     cimas de los arboles.  La ruidosa republica de pajarillos
     armaba espantosa algarabia en las ramas superiores.  Era
     la hora en que, despues de corretear por la alegre
     inmensidad de los cielos,

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