—Pepe, que
sabe tanto y ha de entender de arboles—afirmo
[20] dona Perfecta,—te ensenara como se
hacen los
ingertos. A ver
que opina el de esos peralitos que se van
a trasplantar.
—Ven, ven—dijo Rosarito desde fuera.
Llamaba a su primo con
impaciencia. Ambos desaparecieron
[25] entre el follaje. Dona Perfecta les vio
alejarse, y
despues se ocupo del
loro. Mientras le renovaba la comida,
dijo en voz muy baja,
con ademan pensativo:
—iQue despegado
es! Ni siquiera le ha hecho una
caricia al pobre animalito.
[30] Luego en voz alta anadio, creyendo en la posibilidad
de
ser oida por su cunado:
—Cayetano, ?que te parece el sobrino?... iCayetano!
Sordo grunido indico
que el anticuario volvia al conocimiento
de este miserable mundo.
—Cayetano.... 48
—Eso es...
eso es...—murmuro con torpe voz el
sabio,—ese
caballerito sostendra como todos la opinion
erronea de que las estatuas
de Mundogrande proceden de
[5] la primera inmigracion fenicia. Yo le convencere....
—Pero Cayetano....
—Pero Perfecta....
iBah! ?Tambien ahora
sostendras que he dormido?
—No, hombre, ique he de sostener yo tal desatino!... [10] ?Pero no me dices que te parece ese joven?
Don Cayetano se puso
la palma de la mano ante la boca
para bostezar mas a
gusto, y despues entablo una larga
conversacion con la
senora. Los que nos han transmitido
las noticias necesarias
a la composicion de esta historia,
[15] pasan por alto aquel dialogo, sin duda porque
fue demasiado
secreto. En cuanto
a lo que hablaron el ingeniero y
Rosarito en la huerta
aquella tarde, parece evidente que no es
digno de mencion.
En la tarde del siguiente
dia ocurrieron, si, cosas que no
[20] deben pasarse en silencio, por ser de la mayor
gravedad.
Hallabanse solos ambos
primos a hora bastante avanzada
de la tarde, despues
de haber discurrido por distintos
parajes de la huerta,
atentos el uno al otro y sin tener alma
ni sentidos mas que
para verse y oirse.
[25] —Pepe—decia Rosario,—todo
lo que me has dicho es
una fantasia, una cantinela
de esas que tan bien sabeis
hacer los hombres de
chispa. Tu piensas que, como soy
lugarena, creo cuanto
me dicen.
—Si me conocieras,
como yo creo conocerte a ti, sabrias
[30] que jamas digo sino lo que siento. Pero
dejemonos de
sutilezas tontas y de
argucias de amantes que no conducen
sino a falsear los sentimientos.
Yo no hablare contigo mas
lenguaje que el de la
verdad. ?Eres acaso una senorita
a quien he conocido


