—Tu vienes
de otra parte, de otro mundo, donde las
personas son muy listas,
muy sabias, y tienen unas maneras
finas y un modo de hablar
ingenioso, y una figura...
[5] puede ser que no me explique bien. Quiero
decir que
estas habituado a vivir
entre una sociedad escogida; sabes
mucho... Aqui no
hay lo que tu necesitas; aqui no hay
gente sabia, ni grandes
finuras. Todo es sencillez, Pepe.
Se me figura que te
aburriras, que te aburriras mucho, y al
[10] fin tendras que marcharte.
La tristeza, que era
normal en el semblante de Rosarito,
se mostro con tintas
y rasgos tan notorios, que Pepe Rey
sintio una emocion profunda.
—Estas en
un error, querida prima. Ni yo traigo aqui
[15] la idea que supones, ni mi caracter ni mi entendimiento
estan en disonancia
con los caracteres y las ideas de aqui.
Pero vamos a suponer
por un momento que lo estuvieran.
—Vamos a suponerlo....
—En ese caso,
tengo la firme conviccion de que entre tu
[20] y yo, entre nosotros dos, querida Rosario, se
establecera
una armonia perfecta.
Sobre esto no puedo enganarme.
El corazon me dice que
no me engano.
Rosarito se ruborizo;
pero esforzandose en hacer huir
su sonrojo con sonrisas
y miradas dirigidas aqui y alli, dijo:
[25] —No vengas ahora con artificios.
Si lo dices porque yo
he de encontrar siempre
bien todo lo que digas, tienes
razon.
—Rosario—exclamo
el joven.—Desde que te vi, mi
alma se sintio llena
de una alegria muy viva... he sentido
[30] al mismo tiempo un pesar, el de no haber venido
antes a
Orbajosa.
—Eso si que no lo he de creer—dijo ella, afectando jovialidad para encubrir medianamente su emocion.—?Tan pronto?... No vengas ahora con palabrotas... Mira, Pepe, yo soy una lugarena; yo no se hablar mas que cosas 47 vulgares; yo no se frances; yo no me visto con elegancia; yo apenas se tocar el piano; yo....
—iOh, Rosario!—exclamo con ardor el joven.—Dudaba [5] que fueses perfecta; ahora ya se que lo eres.
Entro de subito la madre. Rosarito, que nada tenia que contestar a las ultimas palabras de su primo, conocio, sin embargo, la necesidad de decir algo, y mirando a su madre, hablo asi:
[10] —iAh! se me habia olvidado poner la comida al loro.
—No te ocupes
de eso ahora. ?Para que os estais ahi?
Lleva a tu primo a dar
un paseo por la huerta.
La senora se sonreia
con bondad maternal, senalando a
su sobrino la frondosa
arboleda que tras los cristales
[15] aparecia.
—Vamos alla—dijo Pepe levantandose.
Rosarito se lanzo como
un pajaro puesto en libertad hacia
la vidriera.


