Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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en mi gabinete con una pila de
     Bunsen, un hilo inductor y una aguja imantada.  Ya no hay
     mas multiplicaciones de panes y peces que las que hace la
[25] industria con sus moldes y maquinas y las de la imprenta,
     que imita a la Naturaleza sacando de un solo tipo millones
     de ejemplares.  En suma, senor canonigo de mi alma, se
     han corrido las ordenes para dejar cesantes a todos los
     absurdos, falsedades, ilusiones, ensuenos, sensiblerias y
[30] preocupaciones que ofuscan el entendimiento del hombre. 
     Celebremos el suceso.

     Cuando concluyo de hablar, en los labios del canonigo
     retozaba una sonrisilla, y sus ojos habian tomado animacion
     extraordinaria.  D. Cayetano se ocupaba en dar diversas
     formas, ora romboides, ora prismaticas, a una bolita de pan. 39
     Pero dona Perfecta estaba palida y fijaba sus ojos en el
     canonigo con insistencia observadora.  Rosarito
     contemplaba llena de estupor a su primo.  Este se inclino hacia
[5] ella, y al oido le dijo disimuladamente en voz muy baja: 

     —­No me hagas caso, primita.  Digo estos disparates
     para sulfurar al senor canonigo.

VII

=La desavenencia crece=

     —­Puede que creas—­indico dona Perfecta con ligero
     acento de vanidad,—­que el senor D. Inocencio se va a
[10] quedar callado sin contestarte a todos y cada uno de esos
     puntos.

     —­iOh, no!—­exclamo el canonigo, arqueando las cejas.

     —­No medire yo mis escasas fuerzas con adalid tan valiente
     y al mismo tiempo tan bien armado.  El Sr.  D. Jose lo
[15] sabe todo, es decir, tiene a su disposicion todo el arsenal
     de las ciencias exactas.  Bien se que la doctrina que
     sustenta es falsa; pero yo no tengo talento ni elocuencia para
     combatirla.  Emplearia yo las armas del sentimiento; emplearia
     argumentos teologicos, sacados de la revelacion, de
[20] la fe, de la palabra divina; pero iay! el Sr.  D. Jose, que
     es un sabio eminente, se reiria de la teologia, de la fe, de
     la revelacion, de los santos profetas, del Evangelio.  Un
     pobre clerigo ignorante, un desdichado que no sabe matematicas,
     ni filosofia alemana en que hay aquello de yo y no
[25] yo,
un pobre domine que no sabe mas que la ciencia de Dios
     y algo de poetas latinos, no puede entrar en combate con
     estos bravos corifeos.

     Pepe Rey prorrumpio en francas risas.

     —­Veo que el Sr.  D. Inocencio—­dijo,—­ha tomado
[30] por lo serio estas majaderias que he dicho.  Vaya, senor
     canonigo, vuelvanse canas las lanzas y todo se acabo. 40
     Seguro estoy de que mis verdaderas ideas y las de usted
     no estan en desacuerdo.  Usted es un varon piadoso e
[5] instruido.  Aqui el ignorante soy yo.  Si he querido
     bromear, dispensenme todos:  yo soy asi.

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