—Poco a poco—dijo
el canonigo, extendiendo la mano
y dando paz a la boca
por breve rato para que, hablando,
descansase del mascar.—Alto
alla: no venga usted aqui
haciendose el modesto,
Sr. D. Jose, que hartos estamos de 36
saber lo muchisimo que
usted vale, la gran fama de que
goza y el papel importantisimo
que desempenara donde
quiera que se presente.
No se ven hombres asi todos los
[5] dias. Pero ya que de este modo ensalzo los
meritos de
usted....
Detuvose para seguir
comiendo, y luego que la sin hueso
quedo libre, continuo
asi:
—Ya que de
este modo ensalzo los meritos de usted,
[10] permitaseme expresar otra opinion con la franqueza
que es
propia de mi caracter.
Si, Sr. D. Jose: si, Sr. D. Cayetano;
si, senora y nina mias;
la ciencia, tal como la estudian y la
propagan los modernos,
es la muerte del sentimiento y de
las dulces ilusiones.
Con ella la vida del espiritu se amengua;
[15] todo se reduce a reglas fijas, y los mismos encantos
sublimes de la Naturaleza
desaparecen. Con la ciencia
destruyese lo maravilloso
en las artes, asi como la fe en el
alma. La ciencia
dice que todo es mentira y todo lo quiere
poner en guarismos y
rayas, no solo maria ac terras, donde
[20] estamos nosotros, sino tambien caelumque profundum,
donde
esta Dios... Los
admirables suenos del alma, su arrobamiento
mistico; la inspiracion
misma de los poetas, mentira.
El corazon es una esponja,
el cerebro una gusanera.
Todos rompieron a reir, mientras el daba paso a un trago [25] de vino.
—Vamos, ?me negara el Sr. D. Jose—anadio el sacerdote—que la ciencia, tal como se ensena y se propaga hoy, va derecho a hacer del mundo y del genero humano una gran maquina?
[30] —Eso segun y conforme—dijo
D. Cayetano.—Todas
las cosas tienen su
pro y su contra.
—Tome usted
mas ensalada, senor Penitenciario—dijo
dona Perfecta.—Esta
cargadita de mostaza, como a usted
le gusta.
Pepe Rey no gustaba
de entablar vanas disputas, ni era 37
pedante, ni alardeaba
de erudito, mucho menos ante mujeres
y en reuniones de confianza;
pero la importuna verbosidad
agresiva del canonigo
necesitaba, segun el, un correctivo.
[5] Para darselo le parecio mal sistema exponer ideas
que,
concordando con las
del canonigo, halagasen a este, y decidio
manifestar las opiniones
que mas contrariaran y mas
acerbamente mortificasen
al mordaz Penitenciario.
—Quieres divertirte conmigo—dijo para si.—Veras [10] que mal rato te voy a dar.
Y luego anadio en voz alta:


