Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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[15] —?Y que le parece al Sr.  D. Jose nuestra querida ciudad
     de Orbajosa?—­pregunto el canonigo, cerrando fuertemente
     el ojo izquierdo, segun su costumbre mientras fumaba.

     —­Todavia no he podido formar idea de este pueblo—­dijo
     Pepe.—­Por lo poco que he visto, me parece que no le
[20] vendrian mal a Orbajosa media docena de grandes capitales
     dispuestos a emplearse aqui, un par de cabezas inteligentes
     que dirigieran la renovacion de este pais y algunos miles
     de manos activas.  Desde la entrada del pueblo hasta la
     puerta de esta casa he visto mas de cien mendigos.  La
[25] mayor parte son hombres sanos y aun robustos.  Es un
     ejercito lastimoso, cuya vista oprime el corazon.

     —–­Para eso esta la caridad—­afirmo don Inocencio.—­Por
     lo demas, Orbajosa no es un pueblo miserable.  Ya sabe
     usted que aqui se producen los primeros ajos de toda Espana.
[30] Pasan de veinte las familias ricas que viven entre nosotros.

—­Verdad es—­indico dona Perfecta—­que los ultimos anos han sido detestables a causa de la seca; pero aun asi las paneras no estan vacias, y se han llevado ultimamente al mercado muchos miles de ristras de ajos.

     —­En tantos anos que llevo de residencia en Orbajosa—­dijo 31
     el clerigo, frunciendo el ceno—­he visto llegar aqui
     innumerables personajes de la Corte, traidos unos por la
     gresca electoral, otros por visitar algun abandonado terruno
[5] o ver las antigueedades de la catedral, y todos entran
     hablandonos de arados ingleses, de trilladoras mecanicas, de
     saltos de aguas, de bancos y que se yo cuantas majaderias. 
     El estribillo es que esto es muy malo y que podia ser mejor. 
     Vayanse con mil demonios, que aqui estamos muy bien sin
[10] que los senores de la Corte nos visiten, mucho mejor sin oir
     ese continuo clamoreo de nuestra pobreza y de las grandezas
     y maravillas de otras partes.  Mas sabe el loco en su casa
     que el cuerdo en la ajena, ?no es verdad, Sr.  D. Jose?  Por
     supuesto, no se crea ni remotamente que lo digo por usted.
[15] De ninguna manera.  Pues no faltaba mas.  Ya se que
     tenemos delante a uno de los jovenes mas eminentes de la
     Espana moderna, a un hombre que seria capaz de transformar
     en riquisimas comarcas nuestras aridas estepas.... 
     Ni me incomodo porque usted me cante la vieja cancion de
[20] los arados ingleses y la arboricultura y la selvicultura.... 
     Nada de eso; a hombres de tanto, de tantisimo talento, se
     les puede dispensar el desprecio que muestran hacia nuestra
     humildad.  Nada, amigo mio, nada, Sr.  D. Jose, esta usted
     autorizado para todo, incluso para decirnos que somos poco
[25] menos que cafres.

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