Esta filipica, terminada
con marcado tono de ironia y
harto impertinente toda
ella, no agrado al joven; pero se
abstuvo de manifestar
el mas ligero disgusto y siguio la
conversacion, procurando
en lo posible huir de los puntos
[30] en que el susceptible patriotismo del senor canonigo
hallase
facil motivo de discordia.
Este se levanto en el momento
en que la senora hablaba
con su sobrino de asuntos de
familia y dio algunos
pasos por la estancia.
Era esta vasta y clara,
cubierta de antiguo papel, cuyas
flores y ramos, aunque
descoloridos, conservaban su 32
primitivo dibujo, gracias
al aseo que reinaba en todas y cada una
de las partes de la
vivienda. El reloj, de cuya caja colgaban
al descubierto, al parecer,
las inmoviles pesas y el voluble
[5] pendulo, diciendo perpetuamente que no,
ocupaba con su
abigarrado horario el
lugar preeminente entre los solidos
muebles del comedor,
completando el ornato de las paredes
una serie de laminas
francesas que representaban las hazanas
del conquistador de
Mejico, con prolijas explicaciones al
[10] pie, en las cuales se hablaba de un Ferdinand
Cortez y de
una Donna Marine
tan inverosimiles como las figuras
dibujadas por el ignorante
artista. Entre las dos puertas
vidrieras que comunicaban
con la huerta habia un aparato de
laton, que no es preciso
describir desde que se diga que
[15] servia de sustentaculo a un loro, el cual se
mantenia alli con
la seriedad y circunspeccion
propias de estos animalejos,
observandolo todo.
La fisonomia ironica y dura de los
loros, su casaca verde,
su gorrete encarnado, sus botas
amarillas y por ultimo
las roncas palabras burlescas que
[20] suelen pronunciar, les dan un aspecto extrano
y repulsivo
entre serio y ridiculo.
Tienen no se que rigido empaque
de diplomaticos.
A veces parecen bufones, y siempre se
asemejan a ciertos finchados
hombres, que por querer
parecer muy superiores,
tiran a la caricatura.
[25] Era el Penitenciario muy amigo del loro.
Cuando dejo
a la senora y a Rosario
en coloquio con el viajero, llegose
a el, y dejandose morder
con la mayor complacencia el
dedo indice, le dijo:
—Tunante,
bribon, ?por que no hablas? Poco valdrias,
[30] si no fueras charlatan. De charlatanes esta
lleno el mundo
de los hombres y el
de los pajaros.
Luego cogio con su propia venerable mano algunos garbanzos del cercano cazuelillo y se los dio a comer. El animal empezo a llamar a la criada pidiendole chocolate, y sus palabras distrajeron a las dos damas y al caballero de 33 una conversacion que no debia de ser muy importante.
VI
=Donde
se ve que puede surgir la desavenencia
cuando
menos se espera=


