Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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cuya noble
profesion diole gran caudal de citas horacianas y de floridos
tropos, que empleaba con gracia y oportunidad.  Nada mas
[10] conviene anadir acerca de este personaje, sino que cuando
sintio el trote largo de las cabalgaduras que corrian hacia la
calle del Condestable, se arreglo el manteo, enderezo el sombrero,
que no estaba del todo bien puesto en la venerable
cabeza, y marchando hacia la casa, murmuro—­

[15] —­Vamos a ver ese prodigio.

En tanto, Pepe bajaba de la jaca, y en el mismo portal le recibia en sus amantes brazos dona Perfecta, anegado en lagrimas el rostro y sin poder pronunciar sino palabras breves y balbucientes, expresion sincera de su carino.

[20] —­iPepe... pero que grande estas!... y con barbas... 
     Me parece que fue ayer cuando te ponia sobre mis
     rodillas... ya estas hecho un hombre, todo un hombre...
     iComo pasan los anos!... iJesus!  Aqui tienes a mi
     hija Rosario.

[25] Diciendo esto, habian llegado a la sala baja, ordinariamente
     destinada a recibir, y dona Perfecta presentole
     a su hija.

     Era Rosarita una muchacha de apariencia delicada y
     debil, que anunciaba inclinaciones a lo que los portugueses
[30] llaman saudades.  En su rostro fino y puro se observaba
     algo de la pastosidad nacarada, que la mayor parte de los
     novelistas atribuyen a sus heroinas, y sin cuyo barniz sentimental
     parece que ninguna Enriqueta y ninguna Julia
     pueden ser interesantes.  Pero lo principal en Rosario era
     que tenia tal expresion de dulzura y modestia, que al verla 25
     no se echaban de menos las perfecciones de que carecia. 
     No es esto decir que era fea; mas tambien es cierto que
     habria pasado por hiperbolico el que la llamara hermosa,
[5] dando a esta palabra su riguroso sentido.  La hermosura
     real de la nina de dona Perfecta consistia en una especie
     de trasparencia, prescindiendo del nacar, del alabastro, del
     marfil y demas materias usadas en la composicion descriptiva
     de los rostros humanos; una especie de transparencia, digo,
[10] por la cual todos las honduras de su alma se veian
     claramente, honduras no cavernosas y horribles como las del
     mar, sino como las de un manso y claro rio.  Pero alli
     faltaba materia para que la persona fuese completa; faltaba
     cauce, faltaban orillas.  El vasto caudal de su espiritu se
[15] desbordaba, amenazando devorar las estrechas riberas.  Al
     ser saludada por su primo se puso como la grana, y solo
     pronuncio algunas palabras torpes.

     —­Estaras desmayado—­dijo dona Perfecta a su sobrino.—­Ahora
     mismo te daremos de almorzar.

[20] —­Con permiso de usted—­repuso el viajero,—­voy a
     quitarme el polvo del camino....

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