—Muy bien
pensado—dijo la senora.—Rosario,
lleva
a tu primo al cuarto
que le hemos preparado. Despachate
pronto, sobrino.
Voy a dar mis ordenes.
[25] Rosario llevo a su primo a una hermosa habitacion
situada
en el piso bajo.
Desde que puso el pie dentro de ella, Pepe
reconocio en todos los
detalles de la vivienda la mano
diligente y carinosa
de una mujer. Todo estaba puesto con
arte singular, y el
aseo y frescura de cuanto alli habia
[30] convidaban a reposar en tan hermoso nido.
El huesped
reparo minuciosidades
que le hicieron reir.
—Aqui tienes
la campanilla—dijo Rosarito, tomando el
cordon de ella, cuya
borla caia sobre la cabecera del lecho.
—No tienes mas que alargar la mano. La mesa de escribir esta puesta de modo que recibas la luz por la izquierda.... 26 Mira, en esta cesta echaras los papeles rotos.... ?Tu fumas?
—Tengo esa desgracia—repuso Pepe Rey.
[5] —Pues aqui puedes echar las puntas
de cigarro—dijo
ella, tocando con la
punta del pie un mueble de laton dorado
lleno de arena.—No
hay cosa mas fea que ver el suelo lleno
de colillas de cigarro....
Mira el lavabo.... Para la ropa
tienes un ropero y una
comoda.... Creo que la relojera
[10] esta mal aqui y se te debe poner junto a la cama....
Si te
molesta la luz, no tienes
mas que correr el transparente
tirando de la cuerda...
?ves?... rich....
El ingeniero estaba encantado.
Rosarito abrio una ventana.
[15] —Mira—dijo—esta
ventana da a la huerta. Por aqui
entra el sol de tarde.
Aqui tenemos colgado la jaula de un
canario, que canta como
un loco. Si te molesta, la
quitaremos.
Abrio otra ventana del testero opuesto.
[20] —Esta otra ventana—anadio,—da
a la calle. Mira,
de aqui se ve la catedral,
que es muy hermosa y esta llena
de preciosidades.
Vienen muchos Ingleses a verla. No
abras las dos ventanas
a un tiempo, porque las corrientes
de aire son muy malas.
[25] —Querida prima—dijo Pepe,
con el alma inundada de
inexplicable gozo—en
todo lo que esta delante de mis
ojos veo una mano de
angel que no puede ser sino la tuya.
iQue hermoso cuarto
es este! Me parece que he vivido
en el toda mi vida.
Esta convidando a la paz.
[30] Rosarito no contesto nada a estas carinosas expresiones,
y sonriendo salio.
—No tardes—dijo
desde la puerta;—el comedor esta
tambien abajo... en
el centro de esta galeria.
Entro el tio Licurgo
con el equipaje. Pepe le recompenso
con una largueza a que
el labriego no estaba acostumbrado; 27
y este, despues de dar
las gracias con humildad, llevose la
mano a la cabeza, como
quien ni se pone ni se quita el
sombrero, y en tono
embarazoso, mascando las palabras,
[5] como quien no dice ni deja de decir las cosas,
se expreso
de este modo:


