Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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[25] del mundo.  No admitia falsedades, ni mistificaciones, ni
     esos retruecanos del pensamiento con que se divierten algunas
     inteligencias impregnadas de gongorismo; y para volver
     por los fueros de la realidad, Pepe Rey solia emplear a
     veces, no siempre con comedimiento, las armas de la burla.
[30] Esto casi era un defecto a los ojos de gran numero de personas
     que le estimaban, porque nuestro joven aparecia un
     poco irrespetuoso en presencia de multitud de hechos comunes
     en el mundo y admitidos por todos.  Fuerza es decirlo,
     aunque se amenguee su prestigio:  Rey no conocia la dulce
     tolerancia del condescendiente siglo que ha inventado singulares 23
     velos de lenguaje y de hechos para cubrir lo que a los
     vulgares ojos pudiera ser desagradable.

     Asi, y no de otra manera, por mas que digan calumniadoras
[5] lenguas, era el hombre a quien el tio Licurgo introdujo
     en Orbajosa en la hora y punto en que la campana de
     la catedral tocaba a misa mayor.  Luego que uno y otro,
     atisbando por encima de los bardales, vieron a la nina y al
     Penitenciario y la veloz corrida de aquella hacia la casa,
[10] picaron sus caballerias para entrar en la calle Real, donde
     gran numero de vagos se detenian para mirar al viajero
     como extrano huesped intruso de la patriarcal ciudad.  Torciendo
     luego a la derecha, en direccion a la catedral, cuya
     corpulenta fabrica dominaba todo el pueblo, tomaron la calle
[15] del Condestable, en la cual, por ser estrecha y empedrada,
     retumbaban con estridente sonsonete las herraduras, alarmando
     al vecindario, que por ventanas y balcones se mostraba
     para satisfacer su curiosidad.  Abrianse con singular chasquido
     las celosias, y caras diversas, casi todas de hembra,
[20] asomaban arriba y abajo.  Cuando Pepe Rey llego al arquitectonico
     umbral de la casa de Polentinos, ya se habian
     hecho multitud de comentarios diversos sobre su figura.

IV

=La llegada del primo=

EL senor Penitenciario, cuando Rosarito se separo bruscamente
de el, miro a los bardales, y viendo las cabezas del
[25] tio Licurgo y de su companero de viaje, dijo para si: 

—­Vamos, ya esta ahi ese prodigio.

Quedose un rato meditabundo, sosteniendo el manteo con
ambas manos cruzadas sobre el abdomen, fija la vista en el
suelo, con los anteojos de oro deslizandose suavemente
hacia la punta de la nariz, saliente y humedo el labio 24
inferior, y un poco fruncidas las blanquinegras cejas.  Era
un santo varon piadoso y de no comun saber, de intachables
costumbres clericales, algo mas de sexagenario, de afable
[5] trato, fino y comedido, gran repartidor de consejos y advertencias
a hombres y mujeres.  Desde luengos anos era
maestro de latinidad y retorica en el Instituto,

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