[15] entrar alli el ergo tua rura manebunt. iQue admirable lugar
para dedicarse a la contemplacion de nuestra propia alma
y prepararse a las buenas obras! Alli todo es bondad,
honradez; alli no se conocen la mentira y la farsa como en
nuestras grandes ciudades; alli renacen las santas
[20] inclinaciones que el bullicio de la moderna vida ahoga; alli
despierta la dormida fe, y se siente vivo impulso indefinible
dentro del pecho, al modo de pueril impaciencia que en el
fondo de nuestra alma grita: “quiero vivir.”
Pocos dias despues de
esta conferencia, Pepe salio de
[25] Puerto Real. Habia rehusado meses antes
una comision
del Gobierno para examinar
bajo el punto de vista minero
la cuenca del rio Nahara
en el valle de Orbajosa; pero los
proyectos a que dio
lugar la conferencia referida, le hicieron
decir:—“Conviene
aprovechar el tiempo. Sabe Dios lo
[30] que durara ese noviazgo y el aburrimiento que
traera
consigo.”
Dirigiose a Madrid, solicito la comision de explorar
la cuenca del Nahara,
se la dieron sin dificultad, a pesar de
no pertenecer oficialmente
al cuerpo de minas, pusose luego
en marcha, y despues
de trasbordar un par de veces, el tren
mixto numero 65 le llevo,
como se ha visto, a los amorosos 22
brazos del tio Licurgo.
Frisaba la edad de este
excelente joven en los treinta y
cuatro anos. Era
de complexion fuerte y un tanto herculea,
[5] con rara perfeccion formado, y tan arrogante,
que si llevara
uniforme militar, ofreceria
el mas guerrero aspecto y talle
que puede imaginarse.
Rubios el cabello y la barba, no
tenia en su rostro la
flematica imperturbabilidad de los
Sajones, sino por el
contrario, una viveza tal, que sus ojos
[10] parecian negros sin serlo. Su persona bien
podia pasar por
un hermoso y acabado
simbolo, y si fuera estatua, el escultor
habria grabado en el
pedestal estas palabras: inteligencia,
fuerza. Si
no en caracteres visibles, llevabalas el expresadas
vagamente en la luz
de su mirar, en el poderoso atractivo
[15] que era don propio de su persona, y en las simpatias
a
que su trato carinosamente
convidaba.
No era de los mas habladores:
solo los entendimientos
de ideas inseguras y
de movedizo criterio propenden a la
verbosidad. El
profundo sentido moral de aquel insigne
[20] joven le hacia muy sobrio de palabras en las
disputas que
constantemente traban
sobre diversos asuntos los hombres
del dia; pero en la
conversacion urbana sabia mostrar una
elocuencia picante y
discreta, emanada siempre del buen
sentido y de la apreciacion
mesurada y justa de las cosas


