entraba en la iglesia fumando y con el sombrero
puesto; no respetaba nada, y para el no habia en el mundo
[10] pudor, ni virtudes, ni alma, ni ideal, ni fe, sino tan solo
teodolitos, escuadras, reglas, maquinas, niveles, picos y
azadas. ?Que tal? En honor de la verdad, debo decir que
en sus conversaciones conmigo, siempre disimulo tales ideas,
sin duda por miedo a ser destrozado por la metralla de mis
[15] argumentos; pero de publico se refieren de el mil cuentos
de herejias y estupendos desafueros.”
“No puedo seguir,
querido, porque en este momento
siento tiros de fusileria.
Como no me entusiasman los
combates, ni soy guerrero,
el pulso me flaquea un tantico.
[20] Ya le impondra a usted de ciertos pormenores
de esta guerra
su afectisimo, etc.,
etc.”
22 de Abril.
“Mi inolvidable
amigo: Hoy hemos tenido una sangrienta
refriega en las inmediaciones
de Orbajosa. La gran
partida levantada en
Villahorrenda ha sido atacada por las
[25] tropas con gran coraje. Ha habido muchas
bajas por una
y otra parte. Despues
se dispersaron los bravos guerrilleros;
pero van muy envalentonados,
y quiza oiga usted
maravillas. Mandalos,
a pesar de estar herido en un brazo,
no se sabe como ni cuando,
Cristobal Caballuco, hijo de
[30] aquel egregio Caballuco que usted conocio en
la pasada
guerra. Es el caudillo
actual de grandes condiciones para
el mando, y ademas honrado
y sencillo. Como al fin hemos
de presenciar un arreglito
amistoso, presumo que Caballuco 223
sera general del ejercito
espanol, con lo cual uno y otro
ganaran mucho.”
“Yo deploro esta
guerra, que va tomando proporciones
[5] alarmantes; pero reconozco que nuestros bravos
campesinos
no son responsables
de ella, pues han sido provocados
al cruento batallar
por la audacia del Gobierno; por la
desmoralizacion de sus
sacrilegos delegados; por la sana
sistematica con que
los representantes del Estado atacan lo
[10] mas venerando que existe en la conciencia de
los pueblos,
la fe religiosa y el
acrisolado espanolismo, que por fortuna
se conservan en lugares
no infestados aun de la asoladora
pestilencia. Cuando
a un pueblo se le quiere quitar su
alma para infundirle
otra; cuando se le quiere descastar,
[15] digamoslo asi, mudando sus sentimientos, sus
costumbres,
sus ideas, es natural
que ese pueblo se defienda, como el
que en mitad de solitario
camino se ve asaltado de infames
ladrones. Lleven
a las esferas del Gobierno el espiritu y
la pura salutifera substancia
de mi obra de los Linajes
[20] (perdoneme usted la inmodestia), y entonces no
habra
guerras.”


