de nuestro pais diera este paso a que con todas mis
fuerzas la incito! iOjala fueran puestos en perpetuo olvido
los abominables estudios y habitos intelectuales introducidos
por el desenfreno filosofico y las erradas doctrinas! iOjala
se emplearan exclusivamente nuestros sabios en la contemplacion 221
de aquellas gloriosas edades, para que, penetrados
de la substancia y benefica savia de ellas los modernos
tiempos, desapareciera este loco afan de mudanzas y esta
[5] ridicula mania de apropiarnos ideas extranas, que pugnan]
con nuestro primoroso organismo nacional. Temo mucho
que mis deseos no se vean cumplidos, y que la contemplacion
de las perfecciones pasadas quede circunscrita al estrecho
circulo en que hoy se halla, entre el torbellino de la
[10] demente juventud que corre detras de vanas utopias y barbaras
novedades. ?Como ha de ser, amigo mio? Creo que
dentro de algun tiempo ha de estar nuestra pobre Espana
tan desfigurada, que no se conocera ella misma ni aun mirandose
en el clarisimo espejo de su limpia historia.”
[15] “No quiero levantar mano de esta carta
sin participar a
usted un suceso desagradable:
la desastrosa muerte de un
estimable joven, muy
conocido en Madrid, el ingeniero de
caminos D. Jose de Rey,
sobrino de mi cunada. Acaecio
este triste suceso anoche
en la huerta de nuestra casa, y aun
[20] no he formado juicio exacto sobre las causas
que pudieron
arrastrar al desgraciado
Rey a esta horrible y criminal
determinacion.
Segun me ha referido Perfecta esta manana
cuando volvi de Mundogrande,
Pepe Rey, a eso de las
doce de la noche, penetro
en la huerta de esta casa y se
[25] pego un tiro en la sien derecha, quedando muerto
en el acto.
Figurese usted la consternacion
y alarma que se producirian
en esta pacifica y honrada
mansion. La pobre Perfecta se
impresiono tan vivamente,
que nos hemos asustado; pero
ya esta mejor, y esta
tarde hemos logrado que tome un sopicaldo.
[30] Empleamos todos los medios de consolarla, y como
es buena cristiana,
sabe soportar con edificante resignacion
las mayores desgracias.”
“Aca, para entre
los dos, amigo mio, dire a usted que en
el terrible atentado
del joven Rey contra su propia existencia,
debio influir grandemente
una pasion contrariada, tal 222
vez los remordimientos
por su conducta y el estado de hipocondria
amarguisima en que se
encontraba su espiritu. Yo
le apreciaba mucho;
creo que no carecia de excelentes
[5] cualidades; pero aqui estaba tan mal estimado,
que ni una
sola vez oi hablar bien
de el. Segun dicen, hacia alarde de
ideas y opiniones extravagantisimas;


