—?Pero que tienes?
[30] —?Ha dicho usted que era media noche?
—Si.
—Pues.... ?Pero es ya media noche?
Rosario queria hablar,
sacudia la cabeza, encima de la
cual se le habia puesto
un mundo.
—Tu tienes
algo... a ti te pasa algo—dijo la madre
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clavando en ella los
sagaces ojos.
—Si... queria
decirle a usted—balbucio la muchacha,—
queria decir...
Nada, nada, me dormire.
[5] —Rosario, Rosario. Tu madre lee
en tu corazon como
en un libro—exclamo
dona Perfecta con severidad.—Tu
estas agitada.
Ya te he dicho que estoy dispuesta a perdonarte
si te arrepientes; si
eres nina buena y formal...
—Pues que, ?no soy buena yo? iAy,
mama, mama mia,
[10] yo me muero!
Rosario porrumpio en llanto congojoso y dolorido.
—?A que vienen
esos lloros?—dijo su madre abrazandola.—
Si son lagrimas del
arrepentimiento, benditas sean.
—Yo no me arrepiento, yo no puedo arrepentirme—grito [15] la joven con arrebato de desesperacion que la puso sublime.
Irguio la cabeza, y en su semblante se pinto subita, inspirada energia. Los cabellos le caian sobre la espalda. No se ha visto imagen mas hermosa de un angel dispuesto a rebelarse.
[20] —?Pero te vuelves loca o que es esto?—dijo
dona Perfecta,
poniendole ambas manos
sobre los hombros.
—iMe voy,
me voy!—dijo la joven, expresandose con
la exaltacion del delirio.
Y se lanzo fuera del lecho.
[25] —Rosario, Rosario... Hija mia...
iPor Dios!
?Que es esto?
—iAy! mama,
senora—exclamo la joven, abrazandose
a su madre.—Ateme
usted.
—En verdad, lo merecias... ?Que locura es esta?
[30] —Ateme usted... Yo me marcho, me marcho con el.
Dona Perfecta sintio
borbotones de fuego que subian de
su corazon a sus labios.
Se contuvo, y solo con sus ojos
negros, mas negros que
la noche, contesto a su hija.
—iMama, mama
mia, yo aborrezco todo lo que no sea
el!—exclamo
Rosario.—Oigame usted en confesion, porque
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quiero confesarlo a
todos, y a usted la primera.
—Me vas a matar, me estas matando.
—Yo quiero confesarlo, para que usted me perdone... [5] Este peso, este peso que tengo encima no me deja vivir...
—iEl peso
de un pecado!... Anadele encima la
maldicion de Dios, y
prueba a andar con ese fardo, desgraciada
... Solo yo puedo
quitartelo.
—No, usted
no, usted no—grito Rosario con desesperacion.—
[10] Pero oigame usted, quiero confesarlo todo, todo
... Despues arrojeme
usted de esta casa, donde he
nacido.
—iArrojarte yo!...


