—Silencio—dijo
Remedios,—ocultemonos detras de la
esquina.... Un
hombre viene por la calle de la Triperia
[15] Alta. Es el.
—Don Jose....
Le conozco en el modo de andar.
Se ocultaron y el hombre
paso.
—Sigamosle—dijo
Maria Remedios con zozobra.—
Sigamosle a corta distancia,
Ramos.
[20] —Senora....
—Nada mas sino hasta ver si entra en su casa.
—Un minutillo
nada mas, dona Remedios. Despues me
marchare.
Anduvieron como treinta
pasos, a regular distancia del
[25] hombre que observaban. La sobrina del Penitenciario
se
detuvo al fin, y pronuncio
estas palabras:
—No entra en su casa.
—Ira a casa del brigadier.
—El brigadier vive hacia arriba, y D. Pepe va hacia [30] abajo, hacia casa de la senora.
—iDe la senora!—exclamo
Caballuco andando a prisa.
Pero se enganaban; el
espiado paso por delante de la
casa de Polentinos,
y siguio adelante.
—?Ve usted como no?
—Senor Ramos,
sigamosle—dijo Remedios, oprimiendo
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convulsamente la mano
del Centauro.—Tengo una corazonada.
—Pronto hemos de saberlo, porque el pueblo se acaba.
[5] —No vayamos tan de prisa... puede
vernos.... Lo
que yo pense, Sr.
Ramos; va a entrar por la puerta condenada
de la huerta.
—iSenora, usted se ha vuelto loca!
—Adelante, y lo veremos.
[10] La noche era obscura y no pudieron los observadores
precisar
donde habia entrado
el Sr. de Rey; pero cierto ruido
de visagras mohosas
que oyeron, y la circunstancia de no
encontrar al joven en
todo lo largo de la tapia, les convencieron
de que se habia metido
dentro de la huerta. Caballuco
[15] miro a su interlocutora con estupor. Parecia
lelo.
—?En que piensa usted?... ?Todavia duda?
—?Que debo hacer?—pregunto
el bravo lleno de confusion.—
?Le daremos un susto?...
No se lo que pensara
la senora. Digolo,
porque esta noche estuve a verla, y me
[20] parecio que la madre y la hija se reconciliaban.
—No sea usted bruto.... ?Por que no entra?
—Ahora me
acuerdo de que los mozos armados ya no
estan ahi, porque yo
les mande salir esta noche.
—Y aun duda este marmolejo lo que ha de hacer. Ramos, [25] no sea usted cobarde y entre en la huerta.
—?Por donde, si han cerrado la puertecilla?
—Salte usted
por encima de la tapia.... iQue pelmazo!
Si yo fuera hombre....
—Pues arriba.... Aqui hay unos ladrillos gastados [30] por donde suben los chicos a robar fruta.
—Arriba pronto.
Yo voy a llamar a la puerta principal
para que despierte la
senora, si es que duerme.


