—Senor Ramos—dijo
Remedios subitamente enojada,—se
[10] me figura que no entiende usted gran cosa en
esto de
casar a la gente.
—Digolo porque
esta noche, hace un momento, vi que la
senora y la nina estaban
haciendo al modo de una reconciliacion.
Dona Perfecta besuqueaba
a Rosarito, y todo era
[15] echarse palabrillas tiernas y mimos.
—iReconciliacion!
usted con eso de los armamentos ha
perdido la chaveta...
Pero en fin, ?me acompana usted
o no?
—No es a
la casa de la senora donde quiere ir—dijo
el
[20] clerigo,—sino a la posada de la viuda
de Cuzco. Estaba
diciendo que no se atreve
a ir sola, porque teme ser
insultada....
—?Por quien?
—Bien se
comprende. Por ese ingeniero de tres mil o
[25] cuatro mil docenas de demonios. Anoche mi
sobrina le vio
alli y le dijo cuatro
frescas, por cuya razon no las tiene todas
consigo esta noche.
El mocito es vengativo y procaz.
—No se si
podre ir...—indico Caballuco,—como
ando ahora escondido,
no puedo desafiar al D. Jose Poquita
[30] Cosa. Si yo no estuviera como estoy, con
media cara tapada
y la otra medio descubierta,
ya le habia roto treinta veces el
espinazo. ?Pero que
sucede si caigo sobre el? Que me
descubro; caen sobre
mi los soldados, y adios Caballuco.
En cuanto a darle un
golpe a traicion, es cosa que no se
hacer, ni esta en mi
natural, ni la senora lo consiente 203
tampoco. Para solfas
con alevosia no sirve Cristobal
Ramos.
—Pero hombre,
?estamos locos?... ?que esta usted
[5] hablando?—dijo el Penitenciario con
innegables muestras
de asombro.—Ni
por pienso le aconsejo yo a usted que
maltrate a ese caballero.
Antes me dejare cortar la lengua
que aconsejar una bellaqueria.
Los malos caeran, es verdad;
pero Dios es quien debe
fijar el momento, no yo. No
[10] se trata tampoco de dar palos. Antes recibire
yo diez docenas
de ellos que recomendar
a un cristiano la administracion
de tales medicinas.
Solo digo a usted una cosa
(anadio, mirando al
bravo por encima de los espejuelos), y
es, que como mi sobrina
va alla, como es probable, muy
[15] probable, ?no es eso, Remedios?... que tenga
que decir
algunas palabrejas a
ese hombre, recomiendo a usted que
no la desampare en caso
de que se vea insultada....
—Esta noche
tengo que hacer—repuso laconica y secamente
Caballuco.
[20] —Ya lo oyes, Remedios. Deja tu
diligencia para
manana.
—Eso si que no puede ser. Ire sola.
—No, no iras,
sobrina mia. Tengamos la fiesta en paz.
El Sr. Ramos tiene
que hacer y no puede acompanarte.
[25] Figurate que eres injuriada por ese hombre grosero....


