—Caballuco.
—?De modo que el esta dispuesto?...
[5] —No, pero lo estara si usted se lo manda.
—Vamos, mujer,
dejame en paz. Yo no puedo mandar
tal atrocidad. iUn susto!
?Y que es eso? ?Tu le has
hablado ya?
—Si, senor;
pero no me ha hecho caso, mejor dicho, se
[10] niega a ello. En Orbajosa no hay mas que
dos personas que
puedan decidirle con
una simple orden: usted o dona
Perfecta.
—Pues que
se lo mande la senora si quiere. Jamas
aconsejare que se empleen
medios violentos y brutales.
[15] ?Querras creer que cuando Caballuco y algunos
de los suyos
estaban tratando de
levantarse en armas, no pudieron sacarme
una sola palabra incitandoles
a derramar sangre?
No, eso no... Si
dona Perfecta quiere hacerlo....
—Tampoco
quiere. Esta tarde he estado hablando con
[20] ella dos horas, y dice que predicara la guerra
favoreciendola
por todos los medios;
pero que no mandara a un hombre
que hiera por la espalda
a otro. Tendria razon en oponerse
si se tratara de cosa
mayor... pero no quiero que haya
heridas; yo no quiero
mas que un susto.
[25] —Pues si dona Perfecta no quiere ordenar
que se de
sustos al ingeniero,
yo tampoco, ?entiendes? Antes que
nada es mi conciencia.
—Bueno—repuso
la sobrina.—Digale usted a Caballuco
que me acompane esta
noche... no le diga usted
[30] mas que eso.
—?Vas a salir tarde?
—Voy a salir, si senor. Pues que, ?no sali tambien anoche?
—?Anoche?
No lo supe; si lo hubiera sabido, me
hubiera enfadado, si
senora.
—No le diga usted a Caballuco sino lo siguiente: “Querido 200 Ramos, le estimare mucho que acompane a mi sobrina a cierta diligencia que tiene que hacer esta noche, y que la defienda si acaso se ve en algun peligro.”
[5] —Eso si lo puedo hacer. Que te
acompane... que te
defienda. iAh, picarona!
tu quieres enganarme, haciendome
complice de alguna majaderia.
—Ya... ?que
cree usted?—dijo ironicamente Maria
Remedios.—Entre
Ramos y yo vamos a degollar mucha
[10] gente esta noche.
—No bromees.
Te repito que no le aconsejare a Ramos
nada que tenga visos
de maldad. Me parece que esta
ahi....
Oyose ruido en la puerta
de la calle. Luego sono la voz
[15] de Caballuco que hablaba con el criado, y poco
despues el
heroe de Orbajosa penetro
en la estancia.
—Noticias,
vengan noticias, Sr. Ramos—dijo el
clerigo.—Vaya,
que si no nos da usted
alguna esperanza en cambio
de la cena y de la hospitalidad...
?Que hay en
[20] Villahorrenda?
—Alguna cosa—repuso
el valenton sentandose con muestras
de cansancio.—Pronto
vera usted si servimos para algo.


