—Usted no
sirve para nada; usted es un mandria...
[20] Mi hijo y yo nos marcharemos de aqui para siempre,
para
siempre. Yo le
conseguire una posicion a mi hijo, yo le
buscare una buena conveniencia,
?entiende usted? Asi
como estoy dispuesta
a barrer las calles con la lengua, si de
este modo fuera preciso
ganarle la comida, asi tambien
[25] revolvere la tierra para buscar una posicion
a mi hijo, para
que suba, y sea rico,
y personaje, y caballero, y propietario,
y senor, y grande, y
todo cuanto hay que ser, todo, todo.
—iDios me
favorezca!—exclamo D. Inocencio dejandose
caer en el sillon e
inclinando la cabeza sobre el pecho.
[30] Hubo una pausa, durante la cual se oia el agitado
resuello
de la mujer furiosa.
—Mujer—dijo
al fin D. Inocencio,—me has quitado
diez anos de vida; me
has abrasado la sangre; me has
vuelto loco... iDios
me de la serenidad que para
aguantarte necesito!
Senor, paciencia, paciencia es lo que 198
quiero; y tu, sobrina,
hazme el favor de llorar y lagrimear y
estar suspirando a moco
y baba diez anos, pues tu maldita
mana de los pucheros,
que tanto me enfada, es preferible a
[5] esas locas iras. Si no supiera que en el
fondo eres buena...
Vaya, que para haber
confesado y recibido a Dios
esta manana, te estas
portando.
—Si, pero es por usted, por usted.
—?Porque en el asunto de Rosario y de Jacinto te digo [10] “resignacion”?
—Porque cuando
todo marcha bien, usted se vuelve atras
y permite que el Sr.
Rey se apodere de Rosarito.
—?Y como lo voy
a evitar? Bien dice la senora que
tienes entendimiento
de ladrillo. ?Quieres que salga por
[15] ahi con una espada, y en un quitame alla esas
pajas haga
picadillo a toda la
tropa, y despues me encare con Rey y le
diga: “o
usted me deja en paz a la nina o le corto el
pescuezo”?
—No, pero
cuando aconseje a la senora que diera un
[20] susto a su sobrino, usted se ha opuesto, en vez
de aconsejarle
lo mismo que yo.
—Tu estas loca con eso del susto.
—Porque “muerto el perro se acabo la rabia.”
—Yo no puedo aconsejar eso que llamas susto y que [25] puede ser una cosa tremenda.
—Si, porque soy una matona, ?no es verdad, tio?
—Ya sabes
que los juegos de manos son juegos de villanos.
Ademas, ?crees que ese
hombre se dejara asustar?
?Y sus amigos?
[30] —De noche sale solo.
—?Tu que sabes?
—Lo se todo,
y no da un paso sin que yo me entere,
?estamos? La viuda
del Cuzco me tiene al tanto de
todo.
—Vamos, no
me vuelvas loco. ?Y quien le va a dar ese
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susto?... Sepamoslo.


