[20] —iResignacion, resignacion!—repitio
ella, enjugando
sus lagrimas.—Puesto
que mi querido hijo ha de ser siempre
un pelagatos, sealo
en buen hora. Los pleitos escasean;
bien pronto llegara
el dia en que lo mismo sera la abogacia
que nada. ?De que vale
el talento? ?De que valen
[25] tanto estudio y romperse la cabeza? iAy!
Somos pobres.
Llegara un dia, Sr.
D. Inocencio, en que mi pobre hijo no
tendra una almohada
sobre que reclinar la cabeza.
—iMujer!
—iHombre!...
Y si no, digame: ?que herencia piensa
[30] usted dejarle cuando cierre el ojo? Cuatro
cuartos, seis
libruchos, miseria y
nada mas... Van a venir unos tiempos... 195
ique tiempos, senor
tio!... iMi pobre hijo, que
se esta poniendo muy
delicado de salud, no podra trabajar
... ya se le marea la
cabeza desde que lee un libro; ya le
[5] dan bascas y jaqueca siempre que trabaja de noche!...
tendra que mendigar
un destinejo; tendre yo que ponerme
a la costura, y quien
sabe, quien sabe... como no tengamos
que pedir limosna.
—iMujer!
[10] —Bien se lo que digo... Buenos
tiempos van a venir—anadio
la excelente mujer,
forzando mas el sonsonete
lloron con que hablaba.—iDios
mio! ?Que va a ser de
nosotros? iAh!
Solo el corazon de una madre siente estas
cosas... Solo las
madres son capaces de sufrir tantas
[15] penas por el bienestar de un hijo. Usted,
?como lo ha de
comprender? No:
una cosa es tener hijos y pasar amarguras
por ellos, y otra cosa
es cantar el gori gori en la catedral
y ensenar latin en el
Instituto... Vea usted de que
le vale a mi hijo el
ser sobrino de usted y el haber sacado
[20] tantas notas de sobresaliente, y ser el primor
y la gala de
Orbajosa... Se
morira de hambre, porque ya sabemos
lo que da la abogacia,
o tendra que pedir a los diputados un
destino en la Habana,
donde le matara la fiebre amarilla....
—iPero mujer!
[25] —No, si no me apuro, si ya callo,
si no le molesto a usted
mas. Soy muy impertinente,
muy llorona, muy suspirona,
y no se me puede aguantar,
porque soy madre carinosa y
miro por el bien de
mi amado hijo. Yo me morire, si
senor, me morire en
silencio y ahogare mi dolor, me bebere
[30] mis lagrimas para no mortificar al senor canonigo...
Pero
mi idolatrado hijo me
comprendera, y no se tapara los oidos
como usted hace en este
momento... iay de mi! El
pobre Jacinto sabe que
me dejaria matar por el, y que le
proporcionaria la felicidad
a costa de mi vida. iPobrecito
nino de mis entranas!
Tener tanto merito, y vivir condenado 196
a un pasar mediano,
a una condicion humilde, porque
no, senor tio, no se


