Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     trazas que no contenian pecado.  Estoy tranquilo, querida
     sobrina.  Pero bien sabes tu que he luchado, que he trabajado
     como un negro. iAy! cuando volvia a casa por las
[10] noches y decia:  “Mariquilla, vamos bien, vamos muy bien,”
     tu te volvias loca de contento y me besabas las manos cien
     veces, y decias que era yo el hombre mejor del mundo.
     ?Por que te enfureces ahora, desfigurando tu noble caracter
     y pacifica condicion? ?Por que me rines? ?Por que dices
[15] que estas soberbia y me llamas en buenas palabras Juan
     Lanas?

     —­Porque usted—­dijo la mujer sin cejar en su irritacion,—­se
     ha acobardado de repente.

     —­Es que todo se nos vuelve en contra, mujer.  El maldito
[20] ingeniero, favorecido por la tropa, esta resuelto a todo. 
     La chiquilla le ama, la chiquilla... no quiero decir mas. 
     No puede ser, te digo que no puede ser.

     —­iLa tropa!  Pero usted cree como dona Perfecta que
     va a haber una guerra, y que para echar de aqui a D. Pepe,
[25] se necesita que media nacion se levante contra la otra media... 
     La senora se ha vuelto loca, y usted alla se le va.

     —­Creo lo mismo que ella.  Dada la intima conexion de
     Rey con los militares, la cuestion personal se agranda... 
     Pero iay! sobrina mia, si hace dos dias tuve esperanza de
[30] que nuestros valientes echaran de aqui a puntapies a la
     tropa, desde que he visto el giro que han tomado las cosas;
     desde que he visto que la mayor parte son sorprendidos
     antes de pelear, y que Caballuco se esconde y que esto se
     lo lleva la trampa, desconfio de todo.  Los buenos principios
     no tienen aun bastante fuerza material para hacer pedazos 194
     a los ministros y emisarios del error... iAy! sobrina
     mia, resignacion, resignacion.

     Apropiandose entonces D. Inocencio el medio de expresion
[5] que caracterizaba a su sobrina, suspiro dos o tres veces
     ruidosamente.  Maria, contra todo lo que podia esperarse,
     guardo profundo silencio.  No habia en ella, al menos aparentemente,
     ni colera, ni tampoco el sentimentalismo superficial
     de su ordinaria vida; no habia sino una afliccion profunda
[10] y modesta.  Poco despues de que el buen tio concluyera
     su perorata, dos lagrimas rodaron por las sonrosadas
     mejillas de la sobrina:  no tardaron en oirse algunos sollozos
     mal comprimidos, y poco a poco, asi como van creciendo en
     ruido y forma la hinchazon y tumulto de un mar que empieza
[15] a alborotarse, asi fue encrespandose aquel oleaje del
     dolor de Maria Remedios, hasta que rompio en deshecho
     llanto.

XXVII

El tormento de un canonigo

—­iResignacion, resignacion!—­volvio a decir D. Inocencio.

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