sobrina. Pero bien sabes tu que he luchado, que he trabajado
como un negro. iAy! cuando volvia a casa por las
[10] noches y decia: “Mariquilla, vamos bien, vamos muy bien,”
tu te volvias loca de contento y me besabas las manos cien
veces, y decias que era yo el hombre mejor del mundo.
?Por que te enfureces ahora, desfigurando tu noble caracter
y pacifica condicion? ?Por que me rines? ?Por que dices
[15] que estas soberbia y me llamas en buenas palabras Juan
Lanas?
—Porque usted—dijo
la mujer sin cejar en su irritacion,—se
ha acobardado de repente.
—Es que todo
se nos vuelve en contra, mujer. El maldito
[20] ingeniero, favorecido por la tropa, esta resuelto
a todo.
La chiquilla le ama,
la chiquilla... no quiero decir mas.
No puede ser, te digo
que no puede ser.
—iLa tropa!
Pero usted cree como dona Perfecta que
va a haber una guerra,
y que para echar de aqui a D. Pepe,
[25] se necesita que media nacion se levante contra
la otra media...
La senora se ha vuelto
loca, y usted alla se le va.
—Creo lo
mismo que ella. Dada la intima conexion de
Rey con los militares,
la cuestion personal se agranda...
Pero iay! sobrina mia,
si hace dos dias tuve esperanza de
[30] que nuestros valientes echaran de aqui a puntapies
a la
tropa, desde que he
visto el giro que han tomado las cosas;
desde que he visto que
la mayor parte son sorprendidos
antes de pelear, y que
Caballuco se esconde y que esto se
lo lleva la trampa,
desconfio de todo. Los buenos principios
no tienen aun bastante
fuerza material para hacer pedazos 194
a los ministros y emisarios
del error... iAy! sobrina
mia, resignacion, resignacion.
Apropiandose entonces
D. Inocencio el medio de expresion
[5] que caracterizaba a su sobrina, suspiro dos o
tres veces
ruidosamente. Maria,
contra todo lo que podia esperarse,
guardo profundo silencio.
No habia en ella, al menos aparentemente,
ni colera, ni tampoco
el sentimentalismo superficial
de su ordinaria vida;
no habia sino una afliccion profunda
[10] y modesta. Poco despues de que el buen tio
concluyera
su perorata, dos lagrimas
rodaron por las sonrosadas
mejillas de la sobrina:
no tardaron en oirse algunos sollozos
mal comprimidos, y poco
a poco, asi como van creciendo en
ruido y forma la hinchazon
y tumulto de un mar que empieza
[15] a alborotarse, asi fue encrespandose aquel oleaje
del
dolor de Maria Remedios,
hasta que rompio en deshecho
llanto.
XXVII
El tormento de un canonigo
—iResignacion, resignacion!—volvio a decir D. Inocencio.


