Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     —­Sobrina—­dijo D. Inocencio grave y sentenciosamente,—­cuando
     ha habido cosas mayores, los caprichillos no se
[30] llaman caprichillos, sino de otra manera.

—­Tio, usted no sabe lo que dice—­repuso la sobrina, cuyo rostro se inflamo subitamente.—­Pues que, ?sera usted capaz de suponer en Rosarito?... ique atrocidad!  Yo la defiendo, si, la defiendo...  Es pura como un angel....  Vamos, tio, con esas cosas se me suben los colores a la cara 192 y me pone usted soberbia.

     Al decir esto, el semblante del buen clerigo se cubria de
     una sombra de tristeza, que en apariencia le envejecia diez
[5] anos.

     —­Querida Remedios—­anadio.—­Hemos hecho todo lo
     humanamente posible y todo lo que en conciencia podia y
     debia hacerse.  Nada mas natural que nuestro deseo de ver
     a Jacintillo emparentado con esa gran familia, la primera
[10] de Orbajosa; nada mas natural que nuestro deseo de verle
     dueno de las siete casas del pueblo, de la dehesa de Mundogrande,
     de las tres huertas del cortijo de Arriba, de la Encomienda,
     y demas predios urbanos y rusticos que posee esa
     nina.  Tu hijo vale mucho, bien lo saben todos.  Rosarito
[15] gustaba de el y el de Rosarito.  Parecia cosa hecha.  La
     misma senora, sin entusiasmarse mucho, a causa sin duda
     de nuestro origen, parecia bien dispuesta a ello, a causa de
     lo mucho que me estima y venera, como a confesor y amigo... 
     Pero de repente se presenta ese malhadado joven.
[20] La senora me dice que tiene un compromiso con su hermano
     y que no se atreve a rechazar la proposicion por este hecha.
     iConflicto grave!  Pero ?que hago yo en vista de esto?
     iAy! no lo sabes tu bien.  Yo te soy franco:  si hubiera
     visto en el Sr. de Rey un hombre de buenos principios,
[25] capaz de hacer feliz a Rosario, no habria intervenido en el
     asunto; pero el tal joven me parecio una calamidad, y como
     director espiritual de la casa debi tomar cartas en el asunto
     y las tome.  Ya sabes que le puse la proa, como vulgarmente
     se dice.  Desenmascare sus vicios; descubri su
[30] ateismo; puse a la vista de todo el mundo la podredumbre de
     aquel corazon materializado, y la senora se convencio de
     que entregaba a su hija al vicio... iAy! que afanes
     pase.  La senora vacilaba; yo fortalecia su animo indeciso;
     aconsejabale los medios licitos que debia emplear contra el
     sobrinejo para alejarle sin escandalo; sugeriale ideas
     ingeniosas, y como ella me mostraba a menudo su pura conciencia 193
     llena de alarmas, yo la tranquilizaba demarcando hasta
     que punto eran licitas las batallas que librabamos contra
[5] aquel fiero enemigo.  Jamas aconseje medios violentos
     ni sanguinarios, ni atrocidades de mal genero, sino sutiles

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