—Querida
sobrina—dijo flematicamente el Penitenciario,—hemos
hecho todo cuanto en
lo humano cabia para
[15] realizar nuestro santo proposito... Ya no
se puede mas.
Hemos fracasado, Remedios.
Convencete de ello, y no
seas terca: Rosarito
no puede ser la mujer de nuestro idolatrado
Jacintillo. Tu
sueno dorado, tu ideal dichoso que
un tiempo nos parecio
realizable, y al cual consagre yo las
[20] fuerzas todas de mi entendimiento, como buen
tio, se ha
trocado ya en una quimera,
se ha disipado como el humo.
Entorpecimientos graves,
la maldad de un hombre, la pasion
indudable de la nina
y otras cosas que callo, han vuelto las
cosas del reves.
Ibamos venciendo, y de pronto somos
[25] vencidos. iAy, sobrina mia! Convencete de
una cosa.
Hoy por hoy, Jacinto
merece mucho mas que esa nina loca.
—Caprichos
y terquedades—repuso Maria con displicencia
bastante irrespetuosa.—Vaya
con lo que sale usted
ahora, tio. Pues
las grandes cabezas se estan luciendo...
[30] Dona Perfecta con sus sublimidades y usted con
sus cavilaciones,
sirven para cualquier
cosa. Es lastima que Dios me
haya hecho a mi tan
tonta, y dadome este entendimiento de
ladrillo y argamasa,
como dice la senora, porque si asi no
fuera, yo resolveria
la cuestion.
—?Tu? 191
—Si ella y usted me hubieran dejado, resuelta estaria ya.
—?Con los palos?
—No asustarse, ni abrir tanto los ojos, porque no se trata [5] de matar a nadie... ivaya!
—Eso de los
palos—dijo el canonigo sonriendo,—es
como el rascar... ya
sabes.
—iBah!...
diga usted tambien que soy cruel y sanguinaria...
me falta valor para
matar un gusanito; bien lo
[10] sabe usted... Ya se comprende que no habia
yo de
querer la muerte de
un hombre.
—En resumen,
hija mia, por mas vueltas que le des, el
Sr. D. Pepe Rey
se lleva la nina. Ya no es posible evitarlo.
El esta dispuesto a
emplear todos los medios, incluso la
[15] deshonra. Si la Rosarito... como nos enganaba
con
aquella carita circunspecta
y aquellos ojos celestiales, ?eh?
... si la Rosarito,
digo, no le quisiera... vamos
... todo podria arreglarse;
pero iay! le ama como ama el
pecador al demonio;
esta abrasada en criminal fuego; cayo,
[20] sobrina mia, cayo en la infernal trampa libidinosa.
Seamos
honrados y justos; volvamos
la vista de la innoble pareja,
y no pensemos mas en
el uno ni en la otra.
—Usted no
entiende de mujeres, tio—dijo Remedios
con lisonjera hipocresia;—usted
es un santo varon; usted
[25] no comprende que lo de Rosarito no es mas que
un caprichillo
de esos que pasan, de
esos que se curan con un par
de refregones en los
morros o media docena de azotes.


