Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     —­Si, al momento... ?Registraran mi casa esos
     bandidos?

     —­Quizas.  Senora, estamos en un dia nefasto—­dijo D.
[10] Inocencio con solemne y conmovido acento.—­iDios se
     apiade de nosotros!

     —­En mi casa tengo media docena de hombres muy bien
     armados—­repuso la dama, vivamente alterada. iQue
     iniquidad! ?Seran capaces de querer llevarselos tambien?...

[15] —­De seguro el Sr.  Pinzon no se habra descuidado en
     denunciarlos.  Senora, repito que estamos en un dia nefasto. 
     Pero Dios amparara la inocencia.

     —­Me voy.  No deje usted de pasar por alla.

     —­Senora, en cuanto despache la clase... y me figuro
[20] que con la alarma que hay en el pueblo, todos los chicos
     haran novillos hoy; pero haya o no clase, ire despues por
     alla...  No quiero que salga usted sola, senora.  Andan
     por las calles esos zanganos de soldados con unos humos...
     iJacinto, Jacinto!

[25] —­No es preciso.  Me marchare sola.

     —­Que vaya Jacinto—­dijo la madre de este.—­Ya debe
     estar levantado.

     Sintieronse los precipitados pasos del doctorcillo que
     bajaba a toda prisa la escalera del piso alto.  Venia con el
[30] rostro encendido, fatigado el aliento.

     —?Que hay?—­le pregunto su tio.

     —­En casa de las Troyas—­dijo el jovenzuelo,—­en casa
     de esas... pues....

     —­Acaba de una vez.

     —­Esta Caballuco. 184

     —?Alla arriba?... ?En casa de las Troyas?

     —­Si, senor...  Me ha hablado desde el terrado, y me
     ha dicho que esta temiendo le vayan a coger alli.

[5] —­iOh, que bestia!...  Ese majadero se va a dejar
     prender—­exclamo dona Perfecta, hiriendo el suelo con el
     inquieto pie.

     —­Quiere bajar aqui y que le escondamos en casa.

     —?Aqui?

[10] Canonigo y sobrina se miraron.

     —­iQue baje!—­dijo dona Perfecta con vehemente
     frase.

     —?Aqui?—­repitio D. Inocencio poniendo cara de mal
     humor.

[15] —­Aqui—­contesto la senora.—­No conozco casa donde
     pueda estar mas seguro.

     —­Puede saltar facilmente por la ventana de mi cuarto—­dijo
     Jacinto.

     —­Pues si es indispensable....

[20] —­Maria Remedios—­dijo la senora.—­Si nos cogen a
     este hombre, todo se ha perdido.

     —­Tonta y simple soy—­repuso la sobrina del canonigo,
     poniendose la mano en el pecho y ahogando el suspiro que
     sin duda iba a salir al publico;—­pero no le cogeran.

[25] La senora salio rapidamente, y poco despues el Centauro
     se arrellanaba en la butaca donde el Sr.  D. Inocencio solia
     sentarse a escribir sus sermones.

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