—Maria—dijo
dona Perfecta con altaneria,—tu eres
incapaz de una idea
elevada, de una resolucion grande y
[25] salvadora. Eso que me aconsejas es una indignidad
cobarde.
—Bueno, pues
me callo... iAy de mi, que tonta soy!—exclamo
con humildad la sobrina
del Penitenciario.—Me
guardare mis tonterias
para consolarla a usted despues
[30] que haya perdido a su hija.
—iMi hija!...
iperder a mi hija!...—exclamo
la senora con subito
arrebato de ira.—– Solo oirlo me vuelve
loca. No, no me
la quitaran. Si Rosario no aborrece a ese
perdido, como yo deseo,
le aborrecera. De algo sirve la
autoridad de una madre...
Le arrancaremos su pasion, 179
mejor dicho, su capricho,
como se arranca una yerba tierna
que aun no ha tenido
tiempo de echar raices... No,
esto no puede ser, Remedios.
iPase lo que pase, no sera!
[5] No le valen a ese loco ni los medios mas infames.
Antes
que verla esposa de
mi sobrino, acepto cuanto de malo
pueda pasarle, incluso
la muerte.
—Antes muerta,
antes enterrada y hecha alimento de
gusanos—afirmo
Remedios cruzando las manos como quien
[10] dice una plegaria,—que verla en poder
de... iAy!
senora, no se ofenda
usted si le digo una cosa, y es que
seria gran debilidad
ceder porque Rosarito haya tenido
algunas entrevistas
secretas con ese atrevido. El caso de
anteanoche, segun lo
conto mi tio, me parece una treta
[15] infame de D. Jose para conseguir su objeto por
medio del
escandalo. Muchos
hacen esto... iAy, Jesus Divino,
no se como hay quien
le mire la cara a un hombre no siendo
sacerdote!
—Calla, calla—dijo
dona Perfecta con vehemencia,—no
[20] me nombres lo de anteanoche. iQue horrible suceso!
Maria Remedios... comprendo
que la ira puede perder
un alma para siempre.
Yo me abraso... iDesdichada
de mi, ver estas cosas
y no ser hombre!... Pero si he
de decir la verdad sobre
lo de anteanoche, aun tengo mis
[25] dudas. Librada jura y perjura que fue Pinzon
el que entro.
iMi hija niega todo,
mi hija nunca ha mentido!... Yo
insisto en mi sospecha.
Creo que Pinzon es un bribon
encubridor; pero nada
mas....
—Volvemos
a lo de siempre, a que el autor de todos los
[30] males es el dichoso matematico... iAy! No
me engano
el corazon cuando le
vi por primera vez... Pues, senora
mia, resignese usted
a presenciar algo mas terrible todavia,
si no se decide a llamar
a Caballuco y decirle: “Caballuco,
espero que"...
—Vuelta a lo mismo; pero tu eres simple.... 180
—iOh!
Si yo soy muy simplota, lo conozco; pero si no
alcanzo mas, ?que puedo
hacer? Digo lo que se me ocurre,
sin sabidurias.


